La visita del ángel

Ciudad de México /

Disfruté el trabajo teatral de Silvia Mariscal por primera vez cuando aún estudiaba yo la carrera de Periodismo y Comunicación Colectiva (así se llamaba antes) en la FES, entonces ENEP, Acatlán. Fue una puesta en escena que se llamaba La otra, armada a partir de tres pequeñas escenas en las que participaban dos actrices. Silvia compartía escenario con Margarita Sanz, dirigidas por Susana Alexander.

La había visto ya en varias telenovelas, pero recuerdo como me encantó su desempeño actoral en aquel montaje.

Desde ese tiempo la he visto en una decena de puestas en escena y siempre me ha fascinado. Tiene una fuerza y al mismo tiempo una delicadeza que cautivan.

Por verla a ella fue que me lancé hasta el lejano (así me lo parecía en esos momentos) teatro Tepeyac, para ver La mudanza en la que actuaba al lado de Octavio Galindo, y un muy joven Gerardo González. Recuerdo que aquel montaje del texto de Vicente Leñero era extraordinario y el trabajo del reparto estaba más que a la altura del mismo.

Hoy, Silvia Mariscal regresa al teatro luego de una larga ausencia con otra maravillosa obra del maestro Leñero: La visita del ángel.

En su libro Vivir del teatro, el propio Leñero recuerda… “el estreno de La visita del ángel ocurrió el 13 de agosto de 1981 y desde es primera función se dividieron las opiniones de espectadores y críticos: A Héctor Mendoza le pareció una obra extraordinaria, a Guillermo Sheridan execrable, a Malkah Rabell interesante. Luisa Josefina Hernández abandonó el teatro al terminar el primer acto, y aunque Esther Seligson y Emilio Carballido elogiaron el experimento, pusieron serias objeciones, y como muchos otros espectadores, el remate de la pieza”. Mismo que no revelaré aquí por respecto al público actual que acuda a ver este nuevo montaje.

La trama de la obra es simple: un par de abuelos reciben a su nieta y escuchan el largo recuento de sus aventuras adolescentes. Experimento sí, como lo apuntaron Seligson y Carballido porque se trata de una puesta hiperrealista, en el que vemos a los ancianos en su vida cotidiana, preparándose para la llegada de la joven.

Él lee el periódico, ella cocina durante los primeros 15 minutos. Intercambian apenas unas cuantas frases, pero predomina el silencio. Al llegar Malú, la nieta, acapara la voz y sólo es interrumpida por una pregunta o alguna interjección; se va y vuelve el silencio, y entonces...

Hoy, que el mundo se mueve a una velocidad mucho más acelerada que en aquel lejano 1981, el público se muestra extrañado y al mismo tiempo agradecido de ese largo y apacible inicio.

La dirección de escena la comparten Benjamín Cann y Miguel Santa Rita, quienes han conservado esa propuesta original y el montaje nuevamente es de un realismo total, en el que se cocina, come, transita con toda naturalidad.

Una vez más Silvia Mariscal emociona con su muy tranquila y apapachadora abuela, acompañada por Juan Carlos Colombo y la joven Jesusa Ochoa Leñero, nieta del recordado dramaturgo.

En el programa de mano Eugenia Leñero, hija de Vicente, cuenta: “Yo interpreté a Malú en su momento. Hoy es Jesusa quien le da voz. El tiempo cambia, el cuerpo cambia, pero el texto permanece. Eso es lo que hacen los buenos textos: no se gastan. Esperan. Y vuelven a decir lo que importa”.

¡Quién lo iba a decir! La hija del dramaturgo interpretó el personaje de la nieta; y hoy es la hija de ésta, y nieta de aquel, quien lo hace. ¡Quién lo iba a decir!

Un gusto enorme disfrutar nuevamente en escena del trabajo siempre impecable de la querida y admirada Silvia Mariscal. Al verla no puede menos que recordar sus actuaciones en Duda, Entre mujeres, Los monólogos de la vagina, Violinista en el tejado…

Así como los buenos textos no se gastan, tampoco los grandes actores. ¡Bravo Silvia una vez más!

La visita del ángel se presenta viernes, sábados y domingos hasta el 1 de marzo en el multifacético Foro Lucerna.


  • Hugo Hernández
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