En 1996 Alessandro Baricco saltó a la fama mundial con Seda, un relato breve que se convirtió en el libro más vendido y comentado de entonces. Unos años antes, en 1993 para ser exacto, había obtenido el premio Viareggio-Répaci por su novela Oceáno mar.
Desde entonces Baricco se ha mantenido en activo con otra docena de títulos e incluso incursionó en la dramaturgia. Muy popular en el mundo entero es su monólogo Novecento, que en nuestro país se ha montado en al menos un par de ocasiones, la primera con Lalo España, y más recientemente con Benny Ibarra, dirigido por Mauricio García Lozano.
Hace tres lustros publicó la novela Mr. Gwyn, igualmente muy celebrada, que ahora llega al teatro en un brillante ejercicio de dramaturgia, elaborado por Juan Cabello, de quien he podido disfrutar y reseñar en este espacio otras creaciones como El cuerpo de Mercutio y El misterioso caso de la sombra.
Como bien se resume en la sinopsis del programa de mano: “Mr. Gwyn, un escritor en pleno éxito, decide dejar de escribir y reinventarse. Se adentra en un nuevo oficio: retratar a las personas con palabras. En estos encuentros íntimos, él y quienes posan revelan historias ocultas, descubriendo que mirarse a través del otro puede transformar una vida”.
A partir de esta “sencilla” trama Alonso Íñiguez ofrece una puesta en escena extraordinaria, que seduce, envuelve, atrapa, impacta… de principio a fin.
Cuento que llegué al teatro Helénico --donde la obra se presenta de jueves a domingo-- interesado en las trayectorias de creativos y actores. Fue hasta que un amigo me preguntó: “¿Vas a ver la obra de los encuerados?” que me enteré un poco de la polémica que puede despertar un montaje en la que una decena de personas aparecen sin ropa.
Innecesarios, dicen unos; artísticos, opinan otros; vitales, comentan algunos más al hablar de los desnudos. Me parece que centrarse en eso es quedarse sólo en la primera capa de lectura que ofrece una propuesta como ésta.
El texto me pareció brillante (me urge ya leer la novela); pero no sólo eso, sino que la puesta está llena de detalles que la enriquecen escena tras escena.
Al igual que con el trabajo del dramaturgo Juan Cabello, he tenido el placer de disfrutar de otros montajes dirigidos por Íñiguez (por ejemplo Juicio a una zorra y Cruise, ambos ahora en cartelera) y me encanta la sutileza, cuidado, filigrana con la que enzarza las acciones y cada uno de los elementos escénicos.
Para lograrlo se apoya en el talento de un equipo creativo de primera: Mauricio Ascencio (escenografía, vestuario e iluminación); Jacobo Lieberman (música original); Mauricio Rico (dirección de movimiento); David Castillo (coordinación general y producción ejecutiva). Aplauso para cada uno de ellos.
Y, por supuesto en un elenco soberbio: Mauricio García Lozano, quien se encontró con Baricco como director de Novecento, ahora lo enfrenta nuevamente, pero como intérprete. ¡Qué gran trabajo de Mauricio!: medido, contenido, exacto.
Angélica Bauter, Jacobo Lieberman, Lucero Trejo, Alejandro Morales, Arturo Reyes, Assira Abbate, Ana Sofía Gatica, Abraham Jurado y Luis Ra Acosta completan el reparto actoral, que funciona como un perfecto sistema de relojería, todos a un mismo ritmo, cadencia y tempo.
Silvia Herida, Alejandro Arreola, Enrique Cervantes, La Nars, y Marina Ortiz se suman en el cuerpo artístico.
Más allá de polémicas, desde mi punto de vista caducas e inútiles, Mr. Gwyn es uno de esos montajes que deben verse, pues te guste o no… te provocará una reacción, una reflexión, una confrontación con lo que somos como espectadores y como personas.
La temporada es corta, sólo hasta el 15 de febrero en la sala principal, del teatro Helénico.