La naturaleza efímera del teatro no perdona: cuando se acaba se acaba… a menos que aparezca un hada madrina todopoderosa llamada UNAM.
Sí, para quienes como yo lamentábamos habernos perdido los montajes que triunfaron el año pasado en recintos universitarios, tenemos una segunda oportunidad pues cinco de ellos regresan por escasas semanas a cartelera. Vamos uno por uno.
Escrita y dirigida por David Gaitán, El mar es un pixel es sin duda una prueba contundente de la enorme calidad del teatro joven que se hace en nuestro país, que aborda temas de interés universal y puede presentarse en cualquier punto del planeta.
El mar es un pixel aborda dos temas vitales hoy y siempre: los avances tecnológicos y el poder de los prejuicios en la imagen pública.
En un mundo dominado por las redes sociales y la inteligencia artificial, cuatro personas y un sofisticado “juguete” se ven inmersos en una trama plagada de intereses, suposiciones, mentiras, supuestos…
Sin temor a exagerar digo que David Gaitán se supera a sí mismo en cada propuesta que hace, y con El mundo es un pixel muestra el enorme dramaturgo y director que es: ¡Bravo, bravo, bravo!
Brillante trabajo de Mario Marín del Río (escenografía y vestuario); Andrés Mota (música original y diseño sonoro); Erika Gómez (iluminación), y por supuesto del elenco integrado por Hernán del Riego, Daniela Arroio, Verónica Bravo, Michelle Betancourt y Emmanuel Lapín.
El mundo es un pixel se presenta en el teatro Juan Ruiz de Alarcón; y ahí juntito en la Sala Sor Juana Inés de la Cruz triunfa Luis Eduardo Yee en Nosotros íbamos a cambiar el mundo.
Como se explica en el programa de mano (por cierto, estupendamente bien diseñado y con el contenido adecuado; como todos los que hace Teatro UNAM), esta puesta en escena es una suma de combinaciones de talentos que ha permitido un resultado excelente: Luis Eduardo contó a José Emilio Hernández que David Jiménez quería dirigir un monólogo. A ellos se sumó Fernanda García y el equipo estuvo completo.
Nosotros íbamos a cambiar el mundo --como también se explica en el programa de mano-- “es un experimento que parte de esta pregunta: ¿qué harías si tuvieras un poco más de tiempo”.
Divertida, emotiva, impredecible, propositiva así es esta estupenda puesta en escena.
Afuera de ambos recintos, en la explanada triunfa en sus últimos fines de semana El gran teatro del mundo, de Calderón de la Barca, adaptada y dirigida por Andrés Carreño.
Una compañía viaja con su carro de comedias, representando una y otra vez la misma obra. Entre ficción y realidad, los límites son borrosos. El autor reparte los papeles, pero ¿todos tienen las mismas oportunidades de brillar o la movilidad social también rige el escenario? ¿Seguimos un guion predeterminado o podemos escribir nuestra propia historia? ¿qué nos depara el destino? La vida a veces es rosa, otras un carnaval, pero, en el fondo, es una tómbola donde nada es como imaginamos.
Los jóvenes intérpretes que dan vida a todos los personajes son David Barrera Bautista, Tamara G. Cano, Rosa Luna, Paulina Márquez, Marlon Perzabal y René Segreste.
Y unos pasos más allá en el auditorio del MUAC (Museo Universitario de Arte Contemporáneo) conmueve y sorprende El eclipse, la hoy casi mítica obra de Carlos Olmos, que en una estupenda adaptación de Jimena Eme Vázquez y una brillantísima (así en superlativo) dirección de Gina Botello sigue conmoviendo a los espectadores.
La trama es la misma que se conoce desde el estreno de la obra, hace más de 30 años en el teatro El granero: una playa en el estado de Chiapas en las horas previas a un eclipse de sol. Tres generaciones de una familia viven en la casa de la abuela a la orilla del mar. Desde hace meses están de luto y reciben a un huésped que no es exactamente lo que dijo ser, y… se desata la tormenta.
Esa sinopsis toma aquí cuerpo en un montaje excelente de Caracola Producciones y en el que participan Gabriela Núñez, Carolina Contreras, Sol Sánchez, Renée Sabina, Alejandro Romero y Luis Javier Morales.
Y cierro con El adiós, de Mireille Bailly, dirigida por Boris Schoemann, y las actuaciones de Alejandro Calva, Esther Orozco, Fernando Bueno, Constantino Morán, Pilar Boliver y Emmanuel Pavía, que ofrece sus últimas funciones en el teatro Santa Catarina, en Coyoacán.
En un hogar sofocante, un hijo de 35 años decide irse… pero sus padres, atrapados en su propio mundo absurdo, harán todo por evitarlo —o para que lo haga de una vez. La irrupción de una segunda familia, rica y ajena, que viene a preparar "la boda de los niños", desata una espiral de tensiones tan delirantes como reveladoras. El adiós es una comedia negra que combina humor ácido y surrealismo para hablar del clasismo, la represión familiar y el anhelo de libertad.
He aquí cinco propuestas geniales que, gracias a la UNAM, podemos ver en su cierre de temporada (al menos por ahora) en este naciente año. Aprovechemos esta oportunidad que pocas veces sucede.