¡Tres mil 500 años de violencia!

Ciudad de México /

En pleno corazón de Coyoacán se localiza el hermoso jardín de Santa Catarina. La placidez que ahí se respira nada tiene que con las terribles historias que se presentan en dos teatros aledaños. Terribles porque ambas abordan hechos --uno actual y otro sucedido hace 30 siglos-- sobre un tema que las enlaza: el sinsentido de la violencia.

En el primero, el llamado exactamente Santa Catarina, y que pertenece a la UNAM. se presenta Mi hermano no murió como un niño héroe; y a unos cuantos metros de distancia, en la sala Héctor Mendoza --sede de la Compañía Nacional de Teatro-- hace temporada Más vale morir. Dos montajes cuyas tramas son aparentemente lejanas, pero que en realidad están mucho más cercanas que la distancia que separa a los recintos en los que se representan.

Más vale morir es el capítulo II del Proyecto espiral, integrado por tres tragedias griegas, en torno a la familia de los Atridas, y está basado en Agamenón, la primera parte de la Orestiada, de Esquilo, en una provocadora adaptación de Amaranta Osorio y Jorge Volpi.

Fiel a su estilo, Richard Viqueira ofrece un montaje transgresor, irreverente, dinámico, energético, que golpea en todos los sentidos al espectador.

En la tragedia de Esquilo, la acción sucede cuando Agamemón regresa a su casa, luego de la Guerra de Troya, que en su visión mítica sucedió por el rescate de Helena, pero que en la realidad histórica fue una lucha por el dominio de las rutas comerciales.

En esta versión, la anécdota se traslada al norte de México, concretamente a Sinaloa, en donde los capos del cartel local regresan luego de su triunfo en Ciudad Vic-Troya, donde han aplastado a un cartel opositor. Es más que evidente la razón: el control de las rutas comerciales de la droga.

Ambición, abuso, traición, odio, prepotencia… están presentes igual que en el original, volcados ahora en Don Aga, La patrona, Ifigenia La chata, Casandra La güera, Egisto El flaco, La Helen…

En su nota incluida en el programa de mano, el director señala: “Cuando uno busca la ruptura artística, otro descubre que hay que retornar a lo clásico. En este montaje el coro manda y es donde se desprende el protagonista, pez errante que se libera del cardumen y así se vuelve en la carnada. La guerra de lo individual vs. lo social, y que nos hace regresar al origen del drama, tal cual arrancó en la Grecia antigua, pero a ritmo del corrido tumbado y ubicado ahora en un México simbólico”.

Música, baile, peleas, sueños, pesadillas, recuerdos, predicciones, asesinatos, infidelidades se entrelazan en un montaje, insisto, que entra por todos los poros y cimbra hasta al más templado; lo cual se logra gracias también al estupendo equipo creativo: Jorge Kuri (escenografía e iluminación); Mario Marín del Río (vestuario); Brenda Castro (maquillaje y peinados); Emiliano Suárez (música original y diseño sonoro); Medín Villatoro (acrobacia y danza butoh); y Fabo Verona (coreografía y movimiento escénico).

Todo al servicio de un poderoso elenco: Miguel Ángel López, Muriel Ricard, José Carlos Rodríguez, Alberto Santiago, Mario Vera, Medín Villatoro, Estefanía Estrada, Itzel Riquel y Ana Cristina Ross.

Richard Viqueira vuelve a hacerla: se lanza al precipicio sin paracaídas y aterriza muy exitosamente de pie.

Bravo a la CNT por Proyecto Espiral, tres muestras del gran teatro de nuestro país. Más vale morir se presenta en función doble junto con Ifigenia en Áulide, ya reseñada aquí, los jueves a las 20 horas y los sábados a las 19 horas.

Y a unos metros de distancia; la violencia también inunda el escenario del teatro Santa Catarina, donde el teatro nos lleva a un tradicional lunes de honores a la bandera, como sucede en todas las primarias del país, donde una niña es víctima del bulling, de la desatención magisterial, y, de la incomprensión absoluta y generalizada.

Escrita por Maribel Carrasco, y dirigida por Mariana Hartasánchez la puesta en escena es una pequeña joya, pues con un mínimo de recursos, logra resultados supremos.

Mi hermano no murió como un niño héroe es –como se detalla en el programa de mano—“la primera obra presentada dentro de la Ruta Teatral Universitaria, programa de Teatro UNAM, en colaboración con la Facultad de Psicología y Fundación UNAM, que lleva montajes de fácil movilidad a escuelas, facultades e institutos para propiciar espacios de reflexión y diálogo en torno a temas que atraviesan a la comunidad estudiantil.

“La obra cuenta la historia de una niña de primaria que participa en un concurso de coros mientras enfrenta el duelo por la muerte de su hermano, víctima de una bala perdida. Entre la amistad, la escuela y la violencia cotidiana, su relato aborda con sensibilidad la memoria, la identidad y la pérdida, invitando a pensar colectivamente las formas de acompañarnos y construir una cultura de paz”.

Rosa Luna es la estupenda actriz que da vida a esta historia que conmueve, divierte, enseña y denuncia un tema gravísimo, en un país en el que según la Red por los derechos de la Infancia en México, la violencia cobra la vida de aproximadamente dos a siete menores de edad al día. Esto significa cerca de 2 mil homicidios anuales de niñas, niños y adolescentes, con más de 26 mil casos acumulados en la última década.

Este montaje sencillamente maravilloso se logra, además, con el talento de Maurico Ascencio (dispositivo escénico. Genial el uso de los emoticones, más que adecuado para los chavos); Patricia Gutiérrez (iluminación); y la misma Rosa Luna (musicalización).

Mi hermano no murió como un niño héroe se presenta de jueves a domingo, hasta el 4 de julio.

El teatro es una ventana para que podamos asomarnos a la realidad, y entonces, nos animemos a cambiarla en la medida de las posibilidades de cada quien.


  • Hugo Hernández
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