De Félix Gallardo a 'El Mencho', la guerra sin fin

Puebla /

Ha ocurrido durante casi cuatro décadas: abatido o detenido, cae el líder del crimen organizado, se anuncia la victoria. El sistema político mexicano actúa como si la captura o el abatimiento garantizaran menos homicidios, menos desapariciones, menos extorsiones y la recuperación del control territorial.

La fórmula ha sido constante: matar al líder para pacificar con la esperanza de que, sin cabeza, el cuerpo se desmorone.

La fantasía no es nueva: comenzó en 1989 con la detención de Miguel Ángel Félix Gallardo en Guadalajara, Jalisco; se mantuvo en 1993 con la primera captura de Joaquín Guzmán Loera, El Chapo, en Guatemala, tras el asesinato del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo.

Y en 1995 cuando fue detenido Jesús Héctor Palma Salazar, El Güero Palma. La narrativa se mantuvo en 1997, año en el que Amado Carrillo Fuentes, El Señor de los Cielos, murió durante una cirugía plástica en la Ciudad de México; y en 2002, cuando fue abatido Ramón Arellano Félix en Mazatlán, Sinaloa, y meses después cuando su hermano Benjamín Arellano Félix fue detenido en Puebla.

Ahora que en 2026 fue abatido Nemesio Oseguera Cervantes, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, la escena cambia, pero la narrativa no.

Cuando se vuelve la vista atrás es posible darse cuenta de que capturar o abatir no es suficiente para recuperar el control que ha ganado el narcotráfico, cuyo avance parece, hasta ahora, irreversible.

La eficacia quirúrgica que ha mostrado el Estado no se ha traducido en una reducción sostenida de la violencia ni en el desmantelamiento de las economías ilícitas. Al contrario: ha dado paso a la fragmentación y a la multiplicación de células armadas regionales con mayor autonomía y capacidad de fuego.

El Cártel Jalisco Nueva Generación es una muestra de cómo las organizaciones criminales han diversificado su actividad hasta convertirse en redes empresariales transnacionales que controlan territorios, gestionan economías ilegales y tienen capacidad para impedir que el negocio colapse. Son, sin duda, un poder paralelo.

De 1989 a 2026. De Félix Gallardo a El Mencho. El problema no ha sido la falta de golpes espectaculares, sino la ausencia de una estrategia capaz de impedir que las estructuras criminales sólo se transformen para ocupar de nuevo el espacio que el Estado logra vaciar de manera momentánea.

Al Margen

Tras el abatimiento de Nemesio Oseguera hubo incidentes violentos en 12 municipios de Puebla: Atlixco, Amozoc, Coronango, Huauchinango, Huejotzingo, Nicolás Bravo, Puebla, Quecholac, Texmelucan, San Matías Tlalancaleca, Santa Rita Tlahuapan y Tehuacán.

Doce de 217 municipios. La cifra podría parecer menor. No lo es: en esas doce localidades viven 2 millones 811 mil 630 personas: casi 43 por ciento de la población del estado.


  • Israel Velázquez G.
  • israelvelazquez@gmail.com
  • Periodista con estudios en Lengua y Literatura Hispánicas por la UNAM. Diplomado en periodismo de investigación por el CIDE, cursó el MasterLAB en edición de investigaciones periodísticas de Quinto Elemento Lab y la Cátedra Connectas Martin Baron, programa intensivo de formación de editores. Ha dirigido medios de Puebla y Guanajuato, y escrito para medios nacionales.
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