Defender la tierra y el medio ambiente tiene un costo. En México, durante 2025, ese costo fue la vida de al menos 10 personas que fueron asesinadas, según el informe anual de Global Witness, organización que defiende el medio ambiente y los derechos humanos.
Los homicidios han mantenido un nivel de vértigo, casi uno por mes: Arnoldo Nicolás Romero fue asesinado el 20 de enero; Cándido Essaú Román Pérez, el 2 de noviembre; Cristino Castro Perea, el 27 de febrero; Francisco Macías Sánchez, el 1 de julio; José Luis Lucas Quirino, el 5 de febrero; Karina Ruiz Ocampo, el 2 de mayo; Marco Antonio Suástegui Muñoz, el 24 de abril; Marcos Aguilar Rojas, el 25 de noviembre; Sergio Hugo Ureiro Castañeda, el 19 de julio; y Silvia Hernández Meza, el 12 de enero.
El informe titulado Poder Colectivo ubica a México como el quinto país más letal para los defensores de la tierra y el medio ambiente, detrás de Colombia que fue el país con mayor número de homicidios, con 39; Brasil con 26; y Honduras y Filipinas con 12 cada uno.
Cada una de estas muertes, indica Global Witness, “supone un intento, de la forma más brutal, de intimidar a los movimientos que se oponen a las violaciones de los derechos humanos y ambientales”.
Aunque los asesinatos registran un descenso en el número de ataques mortales, al pasar de 19 en 2024 a 10 en 2025, de acuerdo con el Centro Mexicano de Derecho Ambiental van en aumento las agresiones no letales: documentaron 107 casos de criminalización, así como cientos de casos de estigmatización, intimidación y difamación.
En Puebla, la violencia contra las personas defensoras de la tierra y el medio ambiente llegó hasta la puerta de una escuela. José Luis Lucas Quirino, maestro y líder ejidatario, fue asesinado frente a su hija la mañana del 5 de febrero, cuando llegaba a la primaria rural Juan Francisco Lucas, en la comunidad de Acuaco, municipio de Zaragoza, en la Sierra Nororiental.
Lucas Quirino era conocido por defender los derechos de los campesinos, cuestionar el uso desmedido del agua por parte de las industrias agrícolas —entre ellas, las granjas porcícolas instaladas en la región—, así como por trabajar en la preservación de los bosques de la Sierra Nororiental de Puebla.
Al margen
¿Quién puede comprar y luego liberar un cocodrilo en las aguas de la Laguna de San Baltazar Campeche?, ¿quién en la ciudad de Puebla gusta de los animales exóticos, como los cocodrilos de pantano?