A lo largo de la primera mitad del siglo XX, los poblanos migrantes comenzaron a dispersarse en diferentes ciudades de Estados Unidos y en el norte de la República Mexicana como parte de una lucha por mejorar sus condiciones de vida y la de sus familias.
La diáspora poblana conformada, al principio, por jóvenes y mujeres que abandonaron su lugar de origen en busca de cumplir el llamado sueño americano, en la actualidad, tiene presencia en Nueva York, Nueva Jersey, Los Ángeles, Connecticut, Chicago, Houston y Las Vegas.
En general, la mayor parte de los integrantes de la comunidad migrante de origen poblano mantienen una fuerte identidad cultural y vínculos afectivos, sociales o económicos con sus lugares de origen.
Organizaciones que brinda apoyo a migrantes en Estados Unidos estiman que la presencia poblana en Estados Unidos alcanza los dos millones 800 mil personas, cifra que representa casi ocho por ciento del total de los migrantes.
En medio de las adversidades, la comunidad migrante poblana trabaja todos los días por conseguir recursos para sus familias y para enviar remesas a quienes se quedaron en zonas expulsoras.
La diáspora poblana juega un rol fundamental porque, de una u otra forma, impulsan el intercambio cultural, establecen relaciones con otros grupos de migrantes y fortalecen las economías a través del envío de remesas.
Los poblanos laboran en el sector servicios, en el área de la construcción y en la hostelería, sin perder de vista que una parte importante se encuentra en áreas productoras del campo donde llegan a ocupar papeles falsos.
La mayoría de los migrantes poblanos provienen de la Sierra Mixteca, región que se caracteriza por altos niveles de pobreza, necesidad de fuentes de trabajo y hasta falta de servicios.
La migración cuenta con múltiples caras y facetas; sin embargo, lo más importante es que quienes se fueron en busca de mejores oportunidades de vida, no se olviden de sus seres queridos y que quienes se quedaron mantengan contacto con quienes partieron en busca de mejores condiciones de vida. La migración puede ser un factor de división; sin embargo, al mismo tiempo, es la oportunidad para valorar a los seres queridos.