La ilusión no se come, dijo ella; y en respuesta, el coronel expresó: no se come, pero alimenta. El momento anterior forma parte de “El coronel no tiene quien le escriba”, novela corta publicada por el escritor colombiano Gabriel García Márquez en 1961.
Ante la contingencia que se presenta en Puebla, en México y todo el mundo, las palabras del escritor colombiano a través de su coronel resuenan en este momento de aislamiento y alejado de un inicio de vacaciones.
El viejo coronel, considerado como uno de los personajes más entrañables de la literatura hispanoamericana del siglo XX, espera la pensión que nunca llega. Hoy, parece que se viejo coronel somos todos y pese a la adversidad, la alternativa es mantener la esperanza.
A casi 25 días del primer caso positivo de coronavirus en Puebla y a 15 días del inicio de la suspensión de clases presenciales en las escuelas, la sociedad es como aquel coronel, veterano de la Guerra de los Mil Días que malvive en una casa de una villa en la costa atlántica colombiana junto a su esposa, la cual sufre de asma.
Aquel coronel pasó 15 años visitando cada viernes a la oficina de correos del puerto con la esperanza de recibir la confirmación de que recibiría una pensión de veterano por su participación en la guerra civil.
La actual contingencia parece que durará 15 años o que mantendrá a la sociedad en Cien Años de Soledad porque, al menos, en más de 90 años, no se tiene registro de una crisis similar a la que está comenzando por el coronavirus.
Inspirada en hechos reales, la obra de García Márquez está más presente que nunca ante un momento de desilusión y de desesperanza; sin embargo, es momento de tomar decisiones. El coronel tiene un gallo de pelea que le fue heredado de su hijo difunto. El coronel no sabe si mantenerlo para luego ponerlo a pelear o venderlo para comer.
En ese mismo momento está México, en el momento de las decisiones. Si se toma el camino correcto, la sociedad pasará de una manera más rápida las complicaciones, pero si las decisiones resultan erróneas, las consecuencias serán más profundas y la crisis más complicada.
Sin ninguna fuente de ingresos, diferentes familias mantendrán como única esperanza, algunos bienes, y buscarán aprovecharlos al máximo ante la crisis actual. La ilusión, la esperanza, es lo último que se puede perder, pese a los vacíos de información que generen las autoridades que se pueden llenar con especulaciones.