Hasta antes de la pandemia de la covid-19, el flujo de migrantes que pasaban por albergues de Puebla y Tlaxcala era de más de 300 al mes; sin embargo, en la actualidad ronda en las 60 personas.
Los migrantes están buscando diferentes opciones para seguir su camino hacia la frontera norte de México y la alternativa de acudir a los albergues está disminuyendo por los riesgos que se presentan. La mayoría de los migrantes que decide acudir a los albergues viajan en el tren conocido como La Bestia o en diferentes líneas de autobuses, alternativas en las que existe un mayor riesgo de ser detenidos.
El uso de casas, hoteles, autobuses de turismo y polleros es una alternativa que está creciendo por la seguridad que representa, aunque el costo por cruzar el territorio mexicano es mayor. La nueva realidad del paso de migrantes por la ruta central de México que incluye a Puebla y Tlaxcala, se está viviendo en el albergue "La Sagrada Familia", ubicado en el municipio de Apizaco.
Actualmente, el centro de apoyo que se encuentra a un costado de las vías del ferrocarril no recibe a más de 70 personas en situación de movilidad al mes, situación que demuestra la nueva realidad de los flujos migratorios.
En enero de este 2026, el albergue de inspiración católica que proporciona asistencia a personas que se encuentran en situación de movilidad y en condiciones de vulnerabilidad, entre ellos, transmigrantes, emigrantes y refugiados, recibió a 63 personas; mientras que durante el mes de febrero atendió a 58.
En el inicio de este año, la mayoría de quienes salieron de sus lugares de origen en busca de mejores condiciones de vida, provenían de Honduras, seguido por originarios de Guatemala y Venezuela.
La reducción de migrantes atendidos en albergues como el de La Sagrada Familia no puede considerar como una caída del paso de personas que están en busca de mejores condiciones de vida. Los registros de las instalaciones ubicadas en la Tercera Privada de Álvaro Obregón, en la colonia Ferrocarrilera de Apizaco, presenta una nueva realidad en la que no se puede perder de vista la importancia de que se garantice el respeto a los derechos de las personas sin importar su lugar de origen.