100 años

  • Ekos
  • Javier García Bejos

Toluca /

La de 1917, fue la primera Constitución social del siglo XX. Fue resultado de la larga búsqueda por un pacto social, que 100 años antes había iniciado con la Independencia y cruzado por dos Constituciones. Primero fue la de Juárez, que cimentó a la República pero no fue suficiente para que construyéramos un país sólido; la de 1917, después de más de un millón de muertos y un cisma brutal, fue causada por el Orden y Progreso de Don Porfirio, que sembraron prosperidad pero solamente para algunos.

En el México de hace cien años, tres de cada cuatro personas no sabían leer ni escribir, mientras la esperanza de vida apenas superaba los 30 años y 85 por ciento de la población tenía hambre. Además, los servicios de salud solo funcionaban para quienes tenían dinero, y el agua potable llegaba a menos de 10 por ciento de los hogares. Sin duda, el siglo XIX sirvió para fundar un país, pero no para construir una nación en donde el desarrollo de las personas fuera prioridad. Por eso, hace cien años en Querétaro y entre los escombros del México bronco y revolucionario, nacieron derechos que cambiaron para siempre al Estado Mexicano.

A lo largo de las décadas siguientes, nuestra Constitución, reflejo de la propia vida, ha cambiado y se ha adecuado, buscando representar en nuestros días el anhelo de un país que cree en la democracia, en la libertad y en el federalismo, pero tambiénen que cada persona debe tener la posibilidad de vivir bien. La Constitución ha sido entonces el motor sobre el que México se ha transformado, consolidándose como el punto de encuentro que nos ha permitido transitar lejos de la anarquía, la división y la ruptura, hacia una mejor nación.

Hoy, el acceso a la educación es universal, mientras la carencia por acceso a servicios de salud se ha reducido a la mitad en menos de una década, pasando de 30 al 15 por ciento de la población, aproximadamente. Igualmente, 99 por ciento de los hogares tienen luz, solamente ocho por ciento de las viviendas no tienen acceso a agua potable y siete por ciento no tienen acceso a drenaje. En suma, en el México de 1917, 90 por ciento de la población era pobre o extremadamente pobre, con carencias universales y generalizadas, situación que contrasta notablemente con nuestros días.

Es cierto que aún tenemos diez millones de mexicanos que viven en pobreza extrema, por lo que la intervención y la suma de los programas sociales están llegando a ellos de mejor manera, particularmente en estados como Chiapas, Oaxaca y Guerrero. Como nunca antes, su situación está cambiando, y si bien tenemos mucho por hacer, debemos reconocer en la Constitución de 1917 al verdadero pilar de la gran transformación nacional, al motor que ha cambiado la vida de millones de personas a través de instituciones, forjando el pacto social que nos ha permitido cambiar dramáticamente nuestro entorno.

En este México de hoy, a pesar de las condiciones complejas de la economía y la cuenta pública, en el gobierno del presidente Peña Nieto existe una visión muy nítida, una clara convicción que dicta que los derechos sociales de los mexicanos, consagrados en la Constitución, son la lucha más importante que tenemos que dar por el bien de nuestra unidad. La lucha contra la pobreza tiene rumbo, marcado hace cien años, y si algo debiéramos celebrar es lo mucho que ha logrado.

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