Colosio

  • Ekos
  • Javier García Bejos

Toluca /

"La política social no es una empresa de asistencia a los expulsados del mercado, sino una forma deliberada de hacer que la economía contribuya al cumplimiento de criterios sociales. Esta política social es la que permite que el conjunto de las acciones del gobierno y la sociedad, contribuyan a la elevación del bienestar productivo, para cohesionar y unir todavía más a los mexicanos". Esta frase ilustra la visión de Luis Donaldo Colosio, primer secretario de la Sedesol en 1992, y quien dejara una huella profunda en la sociedad mexicana. Colosio abanderó un discurso sensible que reconocía carencias y que buscaba que el gobierno tuviera mecanismos más poderosos para ayudar a mitigar la pobreza.

Si un legado dejó, fue que desde entonces comenzó la construcción de una política social que abandonó la concepción tradicional del clientelismo asistencial, para pasar a una nueva etapa de inclusión participativa, en donde los ciudadanos son reconocidos como sujetos de derechos sociales. Desde ese entonces hasta hoy, la lucha contra la pobreza ha sido una tarea permanente, con nuevas herramientas y con leyes e instituciones que han favorecido que el rostro de la pobreza haya cambiado dramáticamente.

En pocas décadas, la esperanza de vida en Chiapas, Oaxaca y Guerrero ha aumentado, se han generado nuevas oportunidades para acabar la secundaria, la cobertura de los servicios de salud se ha ampliado y la frontal batalla contra el hambre, que hace dos décadas azotaba literalmente a millones de niños, ha logrado buenos resultados.

El camino que aún tenemos que recorrer es largo y complejo, pero estamos empezando a ver resultados alentadores. Por ejemplo, el jueves pasado visité Jalapa de Díaz, uno de los municipios más pobres del país, ubicado en la cuenca del Cosamaloapan. Pude apreciar el olor de los Comedores Comunitarios, que se ha vuelto característico de Oaxaca y hace que la comida se antoje, así como los coloridos bordados que visten orgullosas las mujeres, con una gran sonrisa. Además, conocí a muchos jóvenes que nos permitieron caminar en su comunidad.

Hasta allá, el gobierno de Enrique Peña Nieto llega a través de la SEDESOL, ya que casi el 90% de la población es parte de los programas sociales federales. A Jalapa no habían llegado los Comedores Comunitarios, pero el compromiso del secretario Luis Miranda nos ha llevado a rincones lejanos de Oaxaca para abrir 60 en menos de 60 días. En Jalapa escuché atento algunas historias; las personas conocen sus carencias, pero también saben que no es como antes. Por ejemplo Elsa, madre de cuatro, presumía que a diferencia de ella, sus hijos ya habían terminado la primaria.

Las tlayudas y los tamales en el Comedor Comunitario eran señal de día de fiesta, por lo que en este centro de convivencia, pegado a la escuela Benito Juárez, teníamos a los niños corriendo por todos lados. Con mis compañeros, comenzamos a servir la comida, los niños tomaron el micrófono y me pidieron que le agradeciera a "Don Peña Nieto" por el comedor; una niña nos dijo inclusive, "que Dios los bendiga."

Ya de regreso, ese mismo día que me hace recordar a Colosio, no pude evitar reflexionar en lo mucho que estamos avanzando, pero también en lo mucho que tenemos por recorrer. Hay que cerrar filas, apretar el paso y dejar los argumentos egoístas de quienes piensan que la política social no es nada más que clientelismo. De una buena vez, hay que hacer de las causas sociales no la bandera de políticos o de la política, sino como decía Colosio, en la mejor arma para que los ciudadanos se conviertan en mujeres y hombres libres.

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