Los aeropuertos son iconos de las ciudades y los países; las puertas de entrada y salida; son los modernos puentes que unen al mundo a través de la conectividad aérea. Sus espacios y arquitectura son reflejo de lo que quiere proyectar un país, su capacidad transforma economías y genera espacios de desarrollo ligados al turismo, la logística, el comercio. Kennedy en Nueva York, De Gaulle en Paris, Heathrow en Londres, Narita en Japón, dentro de los clásicos aeropuertos de las grandes ciudades hasta los aeropuertos de las grandes ciudades emergentes como Dubái o Estambul, enfrentan la saturación de los espacios aéreos y las terminales bajo una sola premisa: planeación.
Eso es precisamente lo que nos faltó en México; desde la década de los 90 sabíamos qué el aeropuerto Benito Juárez no daba para más. Como país, el aeropuerto del centro de México, encargado de dar servicio al corazón de una de las economías más grandes del mundo, con una zona de influencia de más de 30 millones de habitantes, no solamente está saturado en todas sus dimensiones, es un aeropuerto en estado de franca descomposición.
El nuevo aeropuerto, es una noticia importante en muchos sentidos, pero me concentro en 3: para el Estado de México y nuestra población en Ecatepec, Neza, Tecámac, Chalco, Chimalhuacán, Texcoco, para nuestro oriente, representa la posibilidad, la única, de generar un polo de desarrollo urbano que genere posiblemente más de medio millón de empleos formales en los siguientes años. El empleo es en toda dimensión, por sí mismo, la mejor de las razones para construir esta gran obra, más allá del estéril debate de si viajas o no en avión.
Luego para la Ciudad de México significa recuperar 700 hectáreas que podrían albergar un pulmón verde que vendría a aliviar la difícil situación ambiental de la ciudad y su carencia de espacios públicos, el parque la mexicana pues, pero en el antiguo aeropuerto.
En tercer lugar, el aeropuerto ya se está construyendo, cancelarlo implica perder dinero y volver a gastar en otro sitio sin contar la obligada remodelación que requiere el aeropuerto Benito Juárez y sin mencionar las implicaciones que tendría para quienes invirtieron en el proyecto, principalmente las AFORES. Financieramente el proyecto en marcha es sustentable, viable y necesario.
En octubre se inaugurará en Estambul el aeropuerto más grande del mundo luego de casi 4 años de construcción y 8 de planeación. El nuevo aeropuerto, proyectado para 90 millones de pasajeros y para llegar hasta los 200 millones en 2030, construido en una ciudad compleja como la nuestra; en un país emergente y en desarrollo como el nuestro, se convertirá en el aeropuerto que habrá de posicionar a Estambul como un nuevo referente del turismo y en todos los sentidos será uno de los factores que habrán de impulsar a Turquía.
Sirva entonces esta columna para que, de manera adelantada, descubramos el sentido de la participación en una consulta que podría convertirse en una máquina del tiempo, para ir hacia atrás, pero peor, para que millones de mexiquenses pierdan una oportunidad histórica de encontrar en el desolado terreno del lago de Texcoco el gran salto hacia el empleo y el bienestar.
@jgarciabejos