Si me preguntan, no comparto la fascinación por nuevos poderes fuertes, el abandono de la libertad y la ilusión del nacionalismo. Estas palabras contundentes fueron pronunciadas por el presidente francés Emanuel Macron, ante el Congreso de los Estados Unidos, el pasado miércoles 25 de abril. Precisamente en el quincuagésimo octavo aniversario del histórico discurso de CharlesDe Gaulle ante el mismo cuerpo legislativo, cuando el General defendió la amistad entre ambas naciones, el mensaje entregado por el actual mandatario fue claro y demoledor: el mundo avanza y evoluciona, aún si Estados Unidos no quiere ser parte de ello.
Frente a una coyuntura internacional plagada de tensiones, Macron ha sabido ejercer una política exterior que defiende el valor de la democracia y las instituciones que ella ha creado. Reconoció que, si bien los valores que ha defendido el liberalismo durante dos siglos han sobrevivido a embates anteriormente, hoy más que nunca necesitan de liderazgos que los fortalezcan ante el surgimiento de movimientos nacionalistas y centrados en individuos.
En este mismo espacio se ha comentado que los obstáculos y desafíos de hoy y del mañana exigen la construcción de puentes de entendimiento. Como sociedades, debemos apreciar la diversidad y combatirel odio y la violencia, así como ir sumando voluntades para formular soluciones que permitan a la humanidad prosperar en contextos que se transforman a cada minuto. Por ello, el llamado del presidente francés a favor de la apertura, tanto comercial como diplomática, resulta alentador e invita a otros países a no bajar los brazos ante las complejidades sociales de nuestros días.
Macron también abordó el tema del cambio climático, otro eje que ha puesto a nuestro vecino del norte en la mira. En una muestra de coraje, aseguró que Estados Unidos volverá pronto al Acuerdo de París, a pesar de la decisión de Trump de retirarlos al inicio de su mandato. Frente a la ignorancia, tenemos a la educación, y contra los riesgos que enfrenta el planeta, tenemos a la ciencia. Con ello, recibió el aplauso de los congresistas estadounidenses y pisó fuerte en la casa del principal detractor de una causa que busca preservar nuestro hogar, ni más ni menos.
A pesar de enunciar las diferencias entre su postura y la de Trump, este discurso será recordado como un ejemplo de determinación; el mundo necesita de líderes dispuestos a defender ideales, inclusive si las corrientes favorecen al pragmatismo, la mezquindad y las salidas fáciles ante problemas complejos. Con gran elocuencia, carácter digno de un estadista y con los ojos del mundo sobre él, Macron ha demostrado cómo consolidar una alianza fundamental con la todavía nación más poderosa del planeta, sin ser cómplice de una visión que mina tan evidentemente los principios que deben guiar nuestra búsqueda por un mundo más justo y sustentable.