Las tareas de gobierno requieren que los gobiernos municipales sean cercanos a sus ciudadanos, tengan capacidad y estén permanentemente conectados a la realidad. Desde lo local se cambia la vida de las personas y su percepción de las cosas se modifica cuando existe orden en lo más simple como recoger la basura, tener agua, tapar los baches y cuidar el alumbrado público, pero también en lo más complejo como dotar de seguridad el entorno en el que las personas viven.
Cuando los gobiernos locales actúan con eficiencia, los ciudadanos inmediatamente saben que están en buenas manos, y eso es hoy la más importante tarea del gobierno: devolver confianza a los ciudadanos, que quieren resultados sin excusas.
Tengo el privilegio de vivir en un municipio de la zona conurbada en el Valle de México, Huixquilucan, que tiene más de 300 mil habitantes. Es un municipio diverso, lleno de diferentes realidades pero de convicciones fuertes: la gente participa y quiere vivir mejor. Entre la zona residencial, la tradicional y la popular existen abismales diferencias, pero el municipio ha entendido que cerrar esas brechas depende de esfuerzos coordinados y conjuntos. Vencer rezagos no es tarea fácil, pero establecer una agenda para lograrlo es un paso fundamental, y hoy, en medio de uno de los municipios que más crece en el país y en donde la percepción de seguridad es alta, también hay políticas públicas que están cambiando el rostro de problemas que parecían difícilmente superables.
Cuando un gobierno municipal tiene capacidades administrativas, políticas y financieras, las cosas avanzan en el sentido correcto, y entonces generar inversiones y empleos se vuelve factible independientemente de cualquier otro factor. Cuando la gente percibe a la policía municipal capaz y empoderada, cuando con transparencia se habla de la delincuencia y su combate, entonces se construye confianza. Cuando pagar impuestos significa mejores servicios públicos y sustentabilidad, entonces hay recaudación por convicción de los ciudadanos. Cuando se alienta el diálogo y la participación ciudadana plural, incluyente, observadora y revisora, se construyen administraciones que rinden cuentas y brindan alternativas ante los conflictos.
La gran deuda de México en materia de administración pública, es la falta de capacidad que tienen los gobiernos municipales para construir agendas locales eficientes. A menudo ahorcados por la insuficiencia de recursos, secuestrados por sus cabildos o cooptados por cacicazgos absurdos, los municipios tienen mucha deuda que pagar a favor de los ciudadanos y de elevar el nivel de vida de las personas. Cuando observas municipios que lo pueden hacer, resta preguntarnos por qué los demás no están siguiendo el mismo camino.
Si queremos un país mejor, no hay de otra, desde lo local se demuestra de qué estamos hechos, qué podemos hacer, y cómo más allá de los discursos, se construye bienestar con voluntad, la parte más importante de la política.