La conectividad aérea es una necesidad fundamental del desarrollo. Actualmente, en la escena global, el aislamiento tiene consecuencias desastrosas para una economía. Las rutas del comercio y el turismo requieren aerolíneas sanas y en crecimiento permanente, y aeropuertos de clase mundial, las verdaderas puertas y tarjetas de presentación de los países. Los aeropuertos, sin duda, se han convertido en catedrales icónicas de la movilidad; su diseño y capacidad refleja mucho de lo que es una nación y, como nunca antes, las redes de conectividad mundial permiten que el crecimiento del turismo, el nuevo petróleo como algunos lo llaman, se convierta en una de las palancas del desarrollo.
En medio de esta realidad, los mexicanos nos tardamos más de 20 años en reconocer que el Aeropuerto de la Ciudad de México, con un volumen superior a los 44 millones de pasajeros en 2017, está completamente rebasado y saturado; su capacidad de operación desde hace años comenzó a convertirse en un embudo para el desarrollo. Por eso, en la administración del presidente Peña Nieto, se decidió enfrentar de manera definitiva y audaz el problema: se diseñó un aeropuerto de clase mundial, el segundo más grande en construcción en la actualidad, ubicado en una porción de tierra que parecía predestinada a resolver el desafío.
Estratégicamente localizado, el nuevo aeropuerto se convertirá en un potencial generador de más de medio millón de empleos, dando al oriente del Estado de México la oportunidad de vencer rezagos y generar desarrollo como solamente sucede cuando se hacen este tipo de inversiones. Más allá del diseño, y su estudiada viabilidad por atender las necesidades de este siglo, el Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México es la obra de infraestructura que definitivamente le da una nueva dimensión al país; la T4 de Madrid, El Dorado en Bogotá, el aeropuerto de Beijing, el de Panamá y todos los grandes "hubs" del mundo son imanes de buenas noticias.
Sin embargo, en este 2018 electoral, al parecer hasta un proyecto lógico y vital para México se ha puesto nuevamente en el centro del debate. Con todo y su avance, hay quienes dicen que se cancelará el proyecto como parte de una doctrina absurda, en la que tendríamos que preguntarnos quién nos reembolsará el dinero gastado y cómo haremos para seguir usando un aeropuerto que es un freno de mano a la región. Pero afortunadamente, también tenemos voces que sostienen que urge poner en marcha esta puerta de entrada.
Es lamentable que este tipo de debates sigan confundiendo a los ciudadanos. Los aeropuertos no se hacen solamente para beneficiar a quienes viajan, sino que se construyen porque además son hoy parte fundamental e insustituible del progreso de las regiones y los países. Para el Estado de México, representa sin duda la mejor manera de balancear el desarrollo y generar empleos y oportunidades en la misma tierra donde millones de personas están esperando que las cosas sucedan, no que dejen de suceder. Mandar a volar al nuevo aeropuerto es una desafortunada oferta, así de fácil.
@jgarciabejos