El mundo triste

  • Ekos
  • Javier García Bejos

Toluca /

En Italia cantan desde los balcones. En China los drones controlan la cuarentena en las ciudades, y en España las ferias de la Semana Santa, centenarias, son canceladas por primera vez. En Estados Unidos se suspenden los vuelos desde Europa y en todo el mundo políticos y deportistas resultan contagiados; al final lo seremos casi todos, dicen. Los lugares públicos lucen vacíos, los anaqueles igual, los aeropuertos son sitios casi radiactivos y de repente el mundo global, del turismo y los negocios por todos lados, cede su paso a la recomendación de quedarse en casa. Los eventos deportivos han sido paulatinamente cancelados, mientras que los conciertos y aglomeraciones son hoy, cuando menos, una irresponsabilidad.

No recuerdo en los últimos años hechos más definitorios sobre el curso del mundo, no puedo pensar en ninguna otra situación, ni de cerca, que haya motivado este pánico colectivo, alentado por rumores y noticias falsas, pero también por las acciones que los gobiernos están tomando: la magnitud de su respuesta y la de los organismos mundiales no tiene precedente. El problema de fondo es la propagación geométrica del virus y si bien su tasa de mortalidad tiene mayor prevalencia en los adultos mayores, implica de acuerdo a algunos cálculos que eventualmente miles de millones en todo el planeta serán contagiados, Esto implica que millones también tendrán necesidades de atención hospitalaria, y ahí está el problema.

No existe capacidad instalada en el mundo para hacer frente a la pandemia. Los meses por venir y el resultado final, como hace décadas no sucedía, sí dependerá de la capacidad de los gobiernos y las instituciones de salud pública para que el impacto sea menor. Como nunca antes, quedarán a prueba y expuestas las debilidades y las capacidades de un gobierno, desde su organización hasta su disponibilidad de recursos, su manera de comunicar y su disposición a generar un ambiente de control estricto, de conciencia colectiva que ayude a que la fase de arranque de contagio tenga una curva menos explosiva.

Los resultados y el aparente control en China del coronavirus sólo se explican por una decisión de política pública: construyeron una capacidad, una industria del diagnóstico y atención especializada. No esperan a que aparezcan los síntomas; están activamente buscando el virus, aislando a la gente y evitando los contagios. El presidente de Francia hizo una atinada reflexión, al decir que ahora se comprueba el valor de la sanidad pública y las instituciones de salud: no son costos, son un tesoro. Al decirlo, queda claro que, si somos buenos ciudadanos, debiéramos agradecer el trabajo de médicos y enfermeras, de todos quienes trabajan en la salud y serán protagonistas con una responsabilidad histórica.

Por eso, nuestra contribución debe ser mantenernos fuera de eventos públicos y aglomeraciones, evitar el contagio y en la medida de lo posible modificar temporalmente nuestro ritmo de vida. El impacto a la economía será brutal sin duda, pero hoy lo más importante es cuidar la salud y cuidarnos entre todos. Ojalá y en México pronto se acaben las ahora tradicionales mostradas de músculo de los políticos, quienes entre más gente ven y conglomeran sienten que hacen más trabajo. En lugar de eso, nuestros diputados y senadores deberían llamar a comparecer al sector salud, y este a su vez debería estar trabajando con los municipios, liberando recursos para la prevención, diagnóstico y pruebas. Es momento también de cancelar eventos que aumentan la probabilidad del exponencial contagio del virus, y tomar medidas inmediatas en aeropuertos y en el transporte masivo. Lo que vendrá depende de la explosividad del arranque en la fase inicial de contagio, por eso simplemente tenemos que actuar.

El mundo está triste, está guardado, luce débil frente al Coronavirus. Pero nos queda lo mejor que tenemos, la esperanza en las organizaciones e instituciones que hemos construido, la capacidad de la tecnología médica, nuestra posibilidad de cambiar con facilidad nuestro ritmo de vida, y como nunca, de buscar hacer colectivamente lo correcto.

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