El momento más esperado de este año, además de que llegue a su fin, sin duda tiene que ver con la llegada de la ansiada vacuna contra el COVID-19. Desde hace unos días, China y Rusia dieron los primeros pasos para empezar a aplicar sus respectivas vacunas. Por su parte, Reino Unido se ha convertido en el primer país occidental en hacerlo. De nuestro lado, el Gobierno federal acaba de anunciar el Plan Nacional de Vacunación, que inicia este mes y se irá aplicando por etapas, tomando como prioridad a los grupos de riesgo; personal de salud y adultos mayores.
Sin duda este es un logro inaudito e histórico por parte de la ciencia, y antes de continuar con este texto, me gustaría hacer un breve paréntesis al respecto. A contrarreloj y sin saber bien a bien a qué se enfrentaban, como ha sucedido con otras crisis sanitarias como la del VIH-SIDA, científicos de todo el mundo han trabajado incansables días y noches por el antídoto a la que ya es sin duda una de las peores pandemias que ha sufrido la humanidad.
Creo firmemente que no debemos pasar por el alto este hecho. Es invaluable la ardua labor de médicos y científicos de todo el mundo para lograr lo antes posible una vacuna. Para quienes tenemos una voz en los medios, esto debe traducirse en un férreo compromiso con el quehacer científico y su justa divulgación, sobre todo hoy, cuando vemos como la ciencia y el ejercicio intelectual son menospreciados por figuras del poder político.
Ahora bien, volviendo al tema central de esta columna, que tiene que ver con la vacuna, celebro que el presidente Andrés Manuel López Obrador le dé prioridad al personal médico, a quienes al igual que a los científicos les debemos toda la gratitud posible, y sectores de riesgo, para recibir la vacuna. Ellos son, por ahora, quienes más necesitan estar protegidos, toda vez que ya existe un antídoto frente a este terrible virus.
Por donde se le vea la llegada de la vacuna y su posterior y gradual aplicación en la sociedad es un respiro ante un año asfixiante. Creo, al menos de manera personal, que todo este año hemos ido contando los días para que termine y para que llegue el ansiado antídoto que nos saque de este atolladero. A sabiendas claro de que el virus nunca se irá y de que la vacuna sólo nos protegerá ante él, sin embargo, la simple visión de un escenario en que nos libramos de todo esto, es poco más que reconfortante.
Por otro lado, y haciendo énfasis en lo dicho líneas arriba, la llegada de la vacuna no significa que la pandemia es asunto superado. Aún nos falta un largo trecho por recorrer, la vacuna se aplicará de manera gradual y según lo previsto será hasta el primer trimestre de 2022 cuando, en México por lo menos, se llegue a la cobertura total de la población. Además, los contagios y hospitalizaciones siguen en aumento por lo que estamos lejos de tener controlada la crisis.
En ese sentido, la llegada de la vacuna por supuesto que es motivo de celebración, pero eso no significa que debamos bajar la guardia y relajarnos. El virus sigue aquí, y aquí seguirá. Lo que queda por ahora es seguir cuidándonos y cuidar a otros, en espera de que sea nuestro turno de recibir la vacuna.