Encuentros

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  • Javier García Bejos

Estado de México /

Finalmente la agenda trilateral entre México, Estados Unidos y Canadá regresó quizás, a su más alto nivel. López Obrador, Trudeau y Biden, protagonizaron un encuentro que parece abrir brecha para un nuevo ciclo de cooperación, diálogo y entendimiento. Los presidentes, tan diferentes entre sí, asistieron a un encuentro cuya agenda parecía interminable, desde la salud y la seguridad, la migración y el comercio, pero sobre todo urgía a los 3 países socios y hermanos, como rezan en las declaraciones, volver a las reuniones de alto nivel para establecer nuevas prioridades y enviar al mundo señales de solidez regional, competitividad y agenda compartida.

La transición mexicana y el fin de la administración de Trump generaron un vacío momentáneo en la agenda común, se complicaron los escenarios que llevaban un rato sin evolucionar positivamente. La agenda interna del Presidente López Obrador parecía enrarecer aún más el panorama; los temas laborales en el marco del T-MEC, las señales confusas en materia de cambio climático y energía y la cercanía a causas alejadas a la agenda de Norteamérica parecían establecer una ruta de colisión inevitable.

Y a pesar de ello, las tesis de López Obrador en materia de pobreza y desigualdad, la lucha contra la corrupción y la agenda migratoria han tenido eco para nuestros socio y por ende se ha vuelto relevante. No deja de ser fundamental que en materia migratoria, México haya levantado la voz para más allá de lo comercial, empezar a reconocer los flujos migratorios como necesidades de la región, y favorecer marcos normativos que reconozcan esa realidad sumando competitividad.

Pareciera que las divergencias están logrando acercar posiciones entorno a los temas más delicados, y eso se está traduciendo en mayor diálogo y entendimiento. La agenda, que parece ideológicamente compleja desde la visión del Gobierno de México, se ha convertido al parecer en un llamado a tiempo para la reflexión desde otros ángulos en temas fundamentales; desde la ONU hace algunos días hasta Washington la semana pasada, la insistencia de México sobre esta agenda alternativa en donde se cuestionan los resultados de la democracia liberal en cuanto a la economía, abre paso a nuevos derroteros de la relación trilateral.

No sobra en el ámbito de la sociedad regional, volver a poner a los ciudadanos y a los pendientes fundamentales en la primera fila de la relación. López Obrador y México tienen una agenda firme y clara, y al parecer a nuestros socios no les parece tan mala idea.

Javier García Bejos

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