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Estados Unidos ha regresado

Javier García Bejos

Después de cuatro años de una pesadilla que le costó caro a nuestro vecino del norte, los primeros 100 días del demócrata Joe Biden han servido para empezar a encarrillar ese tren que parecía desbocado y mandar un mensaje muy conciso a las naciones del mundo en una época particularmente turbulenta: Estados Unidos ha vuelto. Y esta vez no es un slogan de campaña, es una realidad.

En la tradicional comparecencia que hacen los presidentes de aquel país al cumplir los primeros 100 días de gobierno, Biden llegó al podio del Senado, su hábitat natural, para dar un discurso y una imagen que refleja el nuevo espíritu de la Casa Blanca: la presidenta de la Cámara de Representantes, la demócrata Nancy Pelosi y la vicepresidenta Kamala Harris, detrás del primer mandatario; la primera vez que dos mujeres se colocan en la línea de sucesión presidencial.

Ahora bien, vayamos al discurso y a las propuestas del presidente Biden, que si bien para muchos pueden sonar demasiado ambiciosas no dejan de ser parte de un plan radical pero justo para afrontar las problemáticas sociales y económicas que aquejan no solo a Estados Unidos, sino al continente americano y al mundo.

El deseo de Biden de que se siga apoyando a los dreamers, el llamado Plan de Familias Estadounidenses, que busca ofrecer apoyos para familias de bajos recursos mediante pagos para el cuidado infantil, becas, así como la gratuidad en colegios comunitarios los primeros dos años, entre otras propuestas, forman parte de una agenda progresista y con un amplio enfoque social que pocas veces se ha visto en Estados Unidos.

Pero los compromisos y planes de Biden no paran ahí, su agenda en pro del medio ambiente es también otro de sus principales compromisos, como lo expuso en la Cumbre por el Clima a la que él mismo convocó.

En materia económica, Biden parece tener claro que el reto de las democracias liberales tiene que ver hoy como nunca antes con la distribución del ingreso y la capacidad del Estado para que la economía crezca de abajo hacia arriba, por lo que en ese sentido, ha dejado ver con claridad que las grandes corporaciones habrán de enfrentar nuevas condiciones fiscales, lo que rompe paradigmas de la propia economía en su país, enfocada más a la racionalidad económica de las libertades.

Lo mismo en materia de infraestructura, donde cifra sus esperanzas en darle a la potencia una nueva cara a sus puertos, aeropuertos, trenes y vías de comunicación, que a su vez será responsable de generar empleos de manera acelerada en la siguiente década.

Con más inversión pública, mayor generación de empleos y políticas públicas orientadas a fortalecer la economía de las familias, la apuesta por una era de crecimiento acelerada en Estados Unidos, es una gran noticia para la economía del mundo, y aún más para la economía mexicana, que podrá encontrar una urgente válvula de escape en este periodo de recuperación.

En síntesis, la comparecencia de Biden en el Senado, con su progresista plan de ayuda social, su agenda verde y su plan migratorio, amén de la estrategia de vacunación que ha avanzado como la espuma, apuntalan al presidente al éxito y configuran las piezas para las elecciones intermedias, en donde es vital el triunfo demócrata para que los planes de Biden no se vayan a la basura.

Como apéndice y para que no se me acuse de exagerar en mis elogios a Biden, las decisiones económicas y políticas de nuestro vecino, han beneficiado a la economía de nuestro país, que no ha tenido un inicio de año muy prometedor… Así de relevantes son para nosotros las decisiones que se toman en Washington.

Javier García Bejos


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