Francisco, Bienvenido al Estado de México

  • Ekos
  • Javier García Bejos

Toluca /

Hoy no es un domingo cualquiera en el Estado de México, y menos en Ecatepec. El Papa Francisco, Jefe del Estado Vaticano y líder de la Iglesia Católica, visita por primera vez nuestro país y en ese recorrido habrá de encontrarse con los mexiquenses en un trayecto de más de nueve kilómetros por las calles de Ecatepec y en una misa a la que estarán asistiendo más de 300 mil personas.

El encuentro tiene un gran simbolismo, ya que en Ecatepec reside el corazón del oriente del Estado de México. Este municipio, que por la dimensión de su población podría ser fácilmente un país, se ha abierto paso, enfrentando a lo largo de muchos años retos colosales en los renglones más relevantes: seguridad, educación, planeación urbana, empleo y salud. Todas las tareas en donde comúnmente la administración pública tiene desafíos importantes, son magnificadas en Ecatepec por la propia dimensión de la realidad municipal.

Sin embargo, visitar Ecatepec actualmente es darse cuenta del impacto que tienen políticas públicas positivas en el nivel de vida de la gente, desde el transporte masivo, empezando por un Mexipuerto y un Mexibús, hasta universidades, hospitales y centros comerciales que hasta hace diez años no existían.

El factor decisivo en esta transformación, además de la visión para pensar a futuro, ha sido el trabajo comprometido de todos sus habitantes. Como el propio Francisco señala, el trabajo es sagrado en la medida en que dignifica la vida de un individuo. Y en este sentido, el alcance social del trabajo no solo lo cambia a él, sino dignifica también a su familia y tiene el potencial de transformar para bien a toda una ciudad.

La visita del Papa Francisco es una buena oportunidad para marcar un antes y un después. Si bien esta gran ciudad ilustró durante muchos años la difícil realidad de un municipio dormitorio a las afueras de la Ciudad de México, hoy también habrá de mostrar al mundo que en 156 kilómetros cuadrados y con 1.76 millones de habitantes, existe la posibilidad de transformar las condiciones urbanas y convertirlas en una tierra de la que se sienten orgullosos sus habitantes.

En estos días que nos ha tocado convivir de cerca con el vibrante Ecatepec, noté lo mucho que ha cambiado desde que lo conozco. Por eso, la sorpresa no es si el gobierno pretende hacer ver bien lo malo; por el contrario, la sorpresa tiene que ver con el entusiasmo de los ciudadanos creyentes que abrieron sus avenidas y colonias al encuentro de Francisco para mostrar orgullosos su ciudad, que si algo tiene, es la capacidad de luchar contra la adversidad.

Todavía recuerdo cuando el Gobernador Eruviel Ávila era por segunda ocasión Presidente Municipal de Ecatepec, y en aquellos días y en otras circunstancias, visitábamos Ciudad Azteca. En esos años, los retos se agolpaban y la realidad siempre demandante exigía que pasaran cosas muy rápido. La gente sencillamente quería vivir mejor.

Muchos años después, Francisco encontrará un Ecatepec que ha cambiado, como lo ha hecho nuestro país y nuestro estado. Encontrará que seguimos enfrentando muchos retos, pero también que se han ido resolviendo cosas que a simple vista van quedando atrás. La esperanza y la alegría de la gente se anclan hoy en el esfuerzo del trabajo diario, y en el hecho de que los gobiernos de todos los niveles participamos en un gran esfuerzo en esta cálida recepción.

¡Bienvenido al Estado de México!

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