La elección de 2021 será sin duda el proceso electoral más complejo al que se haya enfrentado la entidad en toda su historia. No solo por la dimensión del proceso a nivel nacional; el estado, históricamente gobernada por el PRI, se encuentra ante un plebiscito definitorio que ya se siente en cada rincón. La relevancia de este proceso electoral tendrá una profunda injerencia para la sucesión de 2023, por lo que el campo de batalla política luce profundamente complejo.
Viejos y nuevos actores buscan generar alianzas que permitan asegurar el poder; por un lado, el Gobernador Alfredo del Mazo ha realizado cambios en su gabinete, ha sido eficiente y eficaz contra la pandemia y ha concretado acciones en medio de situaciones complejas, tan sólo esta semana, la apertura de la autopista Naucalpan-Toluca sigue sumando competitividad a la entidad. Su partido, el PRI, parece vivir un proceso intenso de acercamiento con sus bases locales a la espera del siempre brutal desgaste de la designación de candidatos; entre más favorezca el PRI procesos democráticos de asignación, menos división y mayor capacidad de triunfo podrá tener.
Por otro lado, la competitividad de MORENA será puesta a prueba en la entidad. Será crucial su capacidad de organización y su presencia local, y más importante aún será conocer su discurso como oposición local. En el PAN, la agenda que ha marcado Enrique Vargas desde Huixquilucan ha alineado actores, circunstancias y discursos a su favor. Calificado como uno de los mejores alcaldes del país y con la mira puesta en el 2023, la escala en el 21 será la prueba para conocer la capacidad de trabajo de su partido y la profundidad de su plataforma.
Por su parte, el Partido Verde, que encabeza Pepe Couttolenc, lleva algunos meses puntualizando una agenda ambiciosa y clara; políticamente sin alianzas, recurre a un frenético trabajo desde las bases en lo local, sumando adeptos y generando un ruido positivo que podría capitalizarse en votos. Así, el horizonte político en la entidad luce fragmentado, sin embargo, para los ciudadanos, el horizonte se llena de alternativas, que esperemos vengan acompañadas de propuestas serias y profundas para seguir contribuyendo a la fuerza de nuestro estado, desde el valor de la diversidad y la tolerancia política.
El Estado de México merece de la clase política una agenda de futuro sobre los grandes temas y desafíos que enfrenta la entidad: seguridad, movilidad, sustentabilidad, salud y educación entre otros, para que, en los años por venir, más allá de colores, tengamos resultados a favor de los mexiquenses.