Hace unos días, José Antonio Meade compareció ante la Cámara de Diputados. Por más de seis horas y 20 minutos, y después de 50 intervenciones de los legisladores, quedó una cosa clara: a pesar del entorno complejo que enfrentamos, nuestra economía muestra resiliencia, crece, avanza y genera empleos. Más allá de eso, el secretario Meade también dejó claro que, luego de los desastres naturales, debemos trabajar en unidad para ajustar el presupuesto y hacer frente a la contingencia, con transparencia y eficiencia.
La política económica del presidente Peña Nieto comienza a mostrar señales alentadoras en muchos sentidos. En la última década el país ha crecido más del 22 por ciento, y en ello mucho tienen que ver los 30 trimestres consecutivos que llevamos registrando crecimiento. Por otro lado, en laadministración se han generado la mitad de los empleos formales en este siglo, más de 3 millones, mientras las exportaciones crecen y la inversión extranjera supera récords.
Esto se ha traducido, gracias también a la Estrategia Nacional de Inclusión, diseñada por el propio secretario Meade, en que las carencias sociales estén en sus mínimos históricos, y más de 2.2 millones superaran la pobreza extrema. Debido a esta inercia, en el presupuesto del 2018 los programas sociales seguirán siendo prioritarios y ningún beneficiario se verá afectado; es más, como ejemploen este año, el secretario Miranda instruyó que los Comedores Comunitarios aumentaran su presencia en todo el país a pesar de las restricciones presupuestales, creciendo en más del 10% y duplicando suoferta de alimentos.
Estos resultados muestran algo fundamental: la estabilidad económica y la arquitectura de los ingresos públicos, junto con la responsabilidad en la conducción de la hacienda pública, están respondiendo a la visión sensible de un país que debe responder a las expectativas de los ciudadanos que exigen resultados. Al final, ellos simplemente quieren que les vaya mejor en su entorno familiar y comunitario, y eso es lo que ha estado pasando.
Como nunca antes, el motor del cambio es la economía que resiste, envía señales de madurez y se conduce alejada de discursos populistas y soluciones fáciles. A pesar de los embates externos, desastres naturales y hasta de la desesperanza que los irresponsables intentan vender como realidad, esta economía es hoy la protagonista en un país que genera millones de empleos y en donde existió movilidad social para más de siete millones de personas en los últimos cuatro años. Lejos de la polémica, nuestra economía es conducida fortaleciendo el diálogo social y convocando a todos, siendo así la mejor alternativa para construir un México más fuerte.
En el 2018, tendremos un proceso electoral que determinará el rumbo del país. Si algo debe estar claro, es que no podemos hacer experimentos, ni detener el camino que hemos trazado. Como dijo el secretario Meade, la dimensión de lo que está sucediendo es que hoy tenemos una economía 30% más grande que en 2009; los números parecen fríos y lejanos, pero en lo local, su impacto en las comunidades no lo es.
En lo inmediato, hay que decir que, a pesar de lo doloroso de los sismos, el presidente ha recorrido Chiapas y Oaxaca durante todo el mes. En los municipios más pobres, la reconstrucción ya está en marcha, pero también es un proceso que se está dando en medio de condiciones de vida que han venido cambiando, hasta en el pueblo más lejano. La esperanza se siente en la calle, la fuerza del desarrollo económico está llegando hasta allá, y eso, eso es lo más importante.
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