En México, desde hace una década, contamos con una medición multidimensional de la pobreza que nos ha puesto a la vanguardia en diversos foros internacionales, pero, sobre todo, ha marcado una nueva etapa para la política social.
Esta medición considera, además del ingreso, el acceso a la alimentación, a la seguridad social y a servicios de salud; calidad y espacios de la vivienda, servicios básicos en ella y no sufrir rezago educativo.
Con los años, un hecho fundamental ha quedado claro: la manera en que medimos la pobreza se ha convertido en una verdadera hoja de ruta para diseñar y ejecutar políticas públicas más eficientes y mejor focalizadas.
Asimismo, a raíz del nacimiento del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, CONEVAL, los encargados de llevar a buen puerto la lucha contra la pobreza hemos contado con información valiosa para moldear los distintos programas y estrategias. Haciendo un monitoreo permanente y con planes de evaluación anuales, las herramientas han evolucionado para acercarse más a las personas que buscan beneficiar.
El círculo virtuoso que se ha implementado en la política social mexicana, medición, planeación, ejecución y evaluación, ha sido reconocido en múltiples foros sobre pobreza y desarrollo sostenible, como mencioné al inicio de este espacio.
México ha sido uno de los principales impulsores de mediciones multidimensionales en el seno de la Iniciativa de Pobreza y Desarrollo Humano, de la Universidad de Oxford, mientras que, con el apoyo de organismos como el Banco Mundial y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, se han compartido buenas prácticas e implementado talleres de capacitación con países aliados.
Consolidando esta política Estado, la administración del presidente Enrique Peña Nieto implementó la Estrategia Nacional de Inclusión, sin duda el núcleo actual que coordina esfuerzos de dependencias e instituciones de los tres niveles de gobierno, así como de la sociedad civil. Caminando juntos, con programas y recursos orientados y focalizados de manera eficiente, la información útil de la medición multidimensional se traduce en acciones concretas que elevan el bienestar.
En suma, nuestro combate a la pobreza tiene un común denominador: información oportuna que nos permite tomar mejores decisiones que impactan la vida de millones.
En particular, la Medición Multidimensional de la Pobreza ha incentivado la creación de políticas exitosas de salud y educación en los últimos años, que han incrementado la calidad de vida de sectores vulnerables y evolucionan día con día para incidir en los indicadores que queremos transformar.
Al final, la experiencia de los últimos años demuestra que el uso que hacemos de la información es la clave para tener una hoja de ruta clara y evaluable, que se ha posicionado como una guía indispensable para dar tiros de precisión y generar resultados alentadores.
@jgarciabejos