Libertad para entendernos

  • Ekos
  • Javier García Bejos

Toluca /

El pasado jueves 3 de mayo se celebró el Día Mundial de la Libertad de Prensa, una fecha que se ha vuelto fundamental para reflexionar sobre los grandes retos que debemos superar para garantizar el libre ejercicio de esta actividad. Sin duda, en México y en el resto del mundo, una sociedad democrática necesita una prensa fuerte y reflexiva. 

A pesar de las problemáticas que tenemos en nuestro país sobre esta cuestión, esta semana debemos sentirnos orgullosos por lo logrado por Alma Guillermoprieto, periodista con una trayectoria de 40 años, ganadora del Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2018.

La conmemoración que menciono fue instaurada en 1993, cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas, siguiendo una recomendación adoptada en la Conferencia General de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO, por sus siglas en inglés). 

A partir de entonces, los países han buscado encontrar espacios para celebrar y promover los principios fundamentales de la libertad de prensa. Así, conforme han pasado los años, se ha vuelto evidente que necesitamos redoblar esfuerzos para defender la independencia de los medios de comunicación, principalmente la integridad de los profesionistas que todos los días se arriesgan buscando la verdad.

En este sentido, la obra de Alma Guillermoprieto ha sido reconocida por transmitir al público anglosajón, de manera enérgica y transparente, las distintas realidades que coexisten en América Latina desde los años setenta. 

Del mismo modo, ha escrito sobre Sendero Luminoso en Perú, la violencia desde el Estado en Argentina y el conflicto social relacionado al narcotráfico en Colombia y en México. 

Por ello, en estos tiempos complejos, el galardón para Guillermoprieto refleja la importancia de seguir empujando por un periodismo libre, sin ataduras y que facilita el contraste de ideas.

Ante los sucesos diarios y la información de ellos que nos bombardea permanente en las redes sociales, resulta imprescindible recordar que la libertad implica también actuar de manera ética. 

Fortalecer el primer principio significa construir un ejercicio apegado a la verdad, que no tergiversa la realidad y mantiene a raya a las actitudes autoritarias. 

De esta manera, la libertad de prensa es, sobre todo, proteger el derecho a pensar diferente sin moldear los hechos a conveniencia.

Hacia el futuro, la búsqueda por un mundo más justo para todos transita necesariamente por la defensa de la pluralidad y la garantía del libre acceso a la información. 

Por ello, debemos defender el periodismo valiente y audaz, que enriquece la discusión en la vida pública y va de frente sobre los retos de sociedades cada vez más complejas. 

Afortunadamente, en este siglo XXI cada vez son menos quienes creen tener la última palabra, y mucho se debe a los avances en esta profesión. Asegurémonos de que sigamos caminando en este rumbo, el de la libre expresión, la diversidad y la construcción de coincidencias.

@jgarciabejos

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