Los buenos partidos

  • Ekos
  • Javier García Bejos

Ciudad de México /

Lo disruptivo cambia siempre el curso de las cosas. Hacer algo bien, de clase mundial, implica que absolutamente todo es memorable y vale la pena. Evolucionar en cualquier contexto, generar nuevos comienzos, es una tarea que en estos años de incertidumbre pareciera poco más que complicada.

Pero no ha sido así para el Abierto Mexicano de Tenis, que desde hace años es una luz que da esperanza a Acapulco, y que muestra lo que los empresarios mexicanos pueden hacer cuando existen las circunstancias idóneas: un destino que quiere volver a brillar, una afición fiel y una organización extraordinaria.

Esta circunstancia hizo posible que este año el torneo creciera de manera sorpréndete. Apareció cerca del revolcadero un estadio espectacular de clase mundial que podría estar en cualquier parte del mundo. Cómodo, imponente, memorable, rodeado de toda una infraestructura que estará convirtiendo a este torneo en unos de los más importantes del mundo.

Tan solo esta semana se habrán roto todos los récords con casi 90 mil visitantes, 1700 empleos directos y 5 mil indirectos; con más de 2 mil horas de transmisión en vivo a más de 100 países; con 5 jugadores de los 10 mejores del mundo, pero sobre todo, con la demostración de eso que hacemos bien los mexicanos cuando nos lo proponemos. Porque la atmosfera, el ambiente, la emoción, la adrenalina, logran viajar de Acapulco a cada rincón de la tierra, gracias a esa manera tan especial en la que convertimos un evento deportivo en una declaración de lo emocionante que es ser mexicano.

Allí, en medio de ese Acapulco desde hace años convulso y a ratos olvidado, el Abierto convierte a este icónico destino de México en un referente donde la impecable organización y la coordinación con el gobierno permiten que la seguridad sea parte del entorno y, se libere entonces, el potencial del legendario puerto, que disfruta estos días de hoteles y restaurantes llenos, que presume su esplendor y vibra con cada punto para partido.

Con esto, queda claro lo mucho que hace el deporte para recuperar el tejido social cuando este está lastimado. No es casualidad escuchar a los muchos jóvenes que trabajan en el abierto decir que el torneo debería durar meses. Tampoco es casual ver a los mejores jugadores del mundo aquí. Los organizadores han sabido alejar los miedos y convertir en fortalezas del torneo la calidez y hospitalidad de este lugar.

Quienes queremos al Tenis, quienes vivíamos las vibrantes Copas Davis en el Club Alemán; los torneos de Chapultepec; quienes recordamos el tronido de las gradas, hoy vemos como tenemos un espacio de referencia que debe animar a repensar muchas cosas.

La mejor manera de promover al turismo es mostrando que somos capaces de hacerlo, incluso en las situaciones más adversas. Que somos capaces de convertir la dificultad en emoción y los imposibles en nuevos comienzos. El Abierto Mexicano de Tenis es ese espacio que transforma, que emociona, que entusiasma, que atrae, que refleja sueños colectivos bien ejecutados, y que proyecta desde México para el mundo eso que sí somos, eso que disfrutamos ser, eso que hace que por alguna razón quienes han ido por todo el mundo digan al final, el abierto de Acapulco es el mejor.

Juego, set y partido. México y Acapulco, los grandes ganadores de esta semana.

Javier García Bejos


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