Hace cinco años, en septiembre de 2013, el Programa de los Comedores Comunitarios nació en respuesta a los daños ocasionados por los huracanes Ingrid y Manuel.
Por primera vez en 55 años, nuestro país era impactado por dos tormentas de esta magnitud en menos de 24 horas.
Sin embargo, el despliegue de los soldados y servidores públicos de los tres niveles de gobierno, y por supuesto, la demostración de solidaridad por parte de la ciudadanía, permitió evitar una crisis humanitaria y de paso, dar pie al desarrollo de un esfuerzo que, sin duda, forma parte del legado social de la administración del presidente Peña Nieto.
En este sentido, refrendando ese espíritu solidario y generoso con el que surgieron, los Comedores volvieron a ser fundamentales para enfrentar una crisis, en esta ocasión, en respuesta a las inundaciones ocurridas en los primeros días de septiembre en San Mateo Atenco.
Ante el agua que no cedía, y con la amenaza de tormentas por venir, el personal del Programa, junto con funcionarios municipales y estatales, pudo instalar espacios que resultaron indispensables en esas horas de incertidumbre.
Esta no es la primera vez que los servidores públicos y voluntariado hacen posible estos esfuerzos de solidaridad con la ciudadanía.
Para no ir lejos, en los días posteriores a los sismos de hace un año, la labor de coordinación, abasto y entrega de alimento realizada por los Comedores, con el apoyo de las fuerzas armadas y los gobiernos estatales, fue imprescindible para garantizar que nadie de las y los afectados se quedara sin comer.
Así, el protocolo de contingencia ha sido ejecutado en respuesta a las inundaciones de Tamaulipas y Querétaro, las lluvias causadas por huracanes en Oaxaca, Puebla, Veracruz, Hidalgo y Baja California Sur, y la concentración de población migrante en Tijuana y Mexicali, tan solo en los últimos dos años.
Mención aparte merece la capacidad de respuesta inmediata de un programa que refleja la ciudadanización de la política social en estos años.
A las pocas horas de lo sucedido en San Mateo Atenco, se instalaron dos espacios emergentes; las raciones de alimento brindadas por este par de comedores, cerca de nueve mil 700, acumularon dos terceras partes del apoyo otorgado en todo el municipio, sumando los seis espacios fijos que ya estaban operando.
A 60 meses del inicio de su operación, hoy los Comedores Comunitarios son reconocidos por la población, quien se ha apropiado de su funcionamiento.
De surgir de una coyuntura, hoy están en las 32 entidades, beneficiando todos los días a más de 600 mil personas con productos saludables y consolidándose como un símbolo de solidaridad y generosidad en cada una de las localidades en donde se encuentran.
Más allá de su operación cotidiana, frente a lo inesperado no olvidamos su motivo de existir: llueve, truene o relampaguee, los comedores estarán ahí, garantizado la alimentación de los mexicanos sin importar su condición.
Los Comedores, otra vez
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Javier García Bejos
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