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Los retos de educar en el confinamiento

Javier García Bejos

Menuda labor la que han hecho las maestras y maestros en el último año. En lo personal, mi nivel de hartazgo respecto a las juntas virtuales está casi llegando al límite; me gusta el contacto con otros seres humano y no existe mejor manera de transmitir ideas que estando cara a cara con el otro, al menos, así lo percibo yo. Por ello, me parece titánico y digno de reconocerse el esfuerzo que muchos profesores han hecho para sacar adelante tres cursos escolares a distancia, con toda la problemática que ello implica.

Una vez que nos ubicamos en nuestra realidad, la de México, caemos en la cuenta de que muchos alumnos no cuentan con una computadora en casa o con conexión a internet, y si bien, ante este obstáculo, el gobierno junto con las principales televisoras idearon una estrategia de educación vía transmisión nivel nacional que mitigara la desconexión de muchas familias, el simple hecho de no asistir al aula, el afrontar la realidad de muchas familias mexicanas que viven en espacios reducidos con un gran número de integrantes supone un desafío para la educación.

Lograr que los alumnos se concentren, dar seguimiento al hecho de que todo el trabajo académico se hace en casa, tomando en cuenta que a veces muchos padres de familia no tienen estudios básicos, dinámicas familiares complejas que salen a flote en la clase en línea, imposibilidad de continuar los estudios por razones económicas, en fin, la lista de obstáculos para la realidad educativa en México es basta.

Al respecto existen muchos testimonios y reportajes sobre el enorme reto que los educadores han tenido que afrontar ante una realidad social tan desigual y que los ha obligado incluso a afrontar sus propias capacidades. Está el caso de aquellos profesores y profesoras que por un tema generacional no están plenamente familiarizados con las nuevas tecnologías y el hecho de sentarse frente a un monitor e impartir una clase ha significado un desafío enorme.

Aunado a esto habrá que agregar las particularidades de enseñar a distancia y vía una pantalla de una computadora o de teléfono; lo impersonal, el hecho de sentir que no se está transmitiendo el conocimiento de la misma forma o tener que acostumbrarse a la idea de que la conversación está mediada por un gadget. Probablemente no todos los maestros y maestras lo ven problemático y han sabido adaptarse porque los tiempos así lo han dictado.

En ese sentido, considero que hoy más que nunca el trabajo de aquellos que se dedican a formar académica, intelectual y a veces hasta espiritualmente a los niños y jóvenes de este país, merece un aplauso y un reconocimiento, que también debería traducirse en mejores salarios y certeza laboral, pero bueno, ese ya es otro tema, mientras tanto, felicidades a todos nuestros maestros y gracias por construir los cimientos de un mejor México.

Javier García Bejos


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