Uno de los mayores problemas que enfrentamos cuando se combate la marginación es el trabajo infantil.
Cuando una niña o un niño está en la calle, en una fábrica o en el campo, en lugar de la escuela, se pierde una oportunidad de superación.
Por ello, en el marco de la celebración del Día Mundial contra el Trabajo Infantil este 12 de junio, familia, autoridades y sociedad en general debemos reflexionar; una mejor articulación de las políticas educativas, económicas y sociales es indispensable para encontrar soluciones a este flagelo que afecta a países en todo el mundo.
De acuerdo a la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en la actualidad 218 millones de menores entre los cinco y los 17 años de edad están ocupados en la producción económica, de los cuales 152 millones son víctimas del trabajo infantil y poco menos de la mitad de éstos, 73 millones, están en condiciones peligrosas.
Lamentablemente, alrededor del 50% de los menores en situación de trabajo infantil tienen entre cinco y 11 años, los cuales están en condiciones precarias que podrían considerarse como esclavitud moderna, y la gran mayoría no tiene acceso a la educación básica.
Para este año, la OIT decidió unir los propósitos del Día Mundial de la Seguridad y Salud en el Trabajo, celebrado en abril, y el Día Mundial contra el Trabajo Infantil, para mejorar al mismo tiempo la seguridad y la salud de los trabajadores jóvenes y poner un alto al trabajo infantil.
De esta forma, la comunidad global está sumando esfuerzos y recursos para asegurar la prohibición de las peores formas de trabajo infantil, como parte de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas, y erradicarlo en todas sus formas para el 2025.
En este sentido, en noviembre del año pasado se celebró la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Erradicación Sostenida del Trabajo Infantil, llevada a cabo en Argentina.
De ella surgió la “Declaración de Buenos Aires”, un llamado de jóvenes de África, América, Asia y Europa para avanzar hacia la erradicación de esta problemática, y construir políticas incluyentes que permitan generar empleo formal y de calidad para los jóvenes.
En dicha declaración, se destaca atender la pobreza, la falta de acceso a la educación, la falta de trabajo decente, la falta de acceso a sistemas de seguridad social adecuados y la migración, raíces de ambos problemas y que deberán ser atacados de manera transversal por los gobiernos.
En este aspecto, cabe señalar que nuestro país ha fortalecido su posición de liderazgo en arenas internacionales de diálogo y cooperación.
En diversos foros, se ha señalado que la operación de programas en la primera infancia es fundamental para romper los círculos de la pobreza, y del mismo modo, la vinculación de la política educativa con la social en las primeras etapas de la vida se traduce en mejores oportunidades laborales en el futuro.
Bajo este compromiso, nuestra política social ha seguido estos lineamientos y hoy trabaja para asegurar que los niños reciban atención médica y puedan ir a la escuela, en lugar de estar sujetos a explotación o algún maltrato.
Aún falta mucho por hacer, pero debemos redoblar esfuerzos para que, en siete años, las promesas de la Agenda 2030 se empiecen a concretar.
En lo social, sabemos que la atención a grupos vulnerables para no dejar a nadie atrás es prioridad; el compromiso con las niñas, los niños y los jóvenes mexicanos es y será siempre esencial para generar oportunidades y poder decir que en México se están rompiendo las cadenas del trabajo infantil.
@jgarciabejos