Qué bueno que nos cuiden, “porque usted va que vuela”

  • Ekos
  • Javier García Bejos

Toluca /

El calor en Sinaloa es permanente, no solo por su clima, sino porque la calidez de su gente se siente en cada municipio. Las llanuras verdes, la tierra sembrada, los distritos de riego y la alargada franja entre las Barrancas del Cobre y el Pacífico son dueñas de historias de lucha. Sin duda, a la gente de Sinaloa le gusta trabajar y participan con entusiasmo en las tareas comunitarias.

Hasta allá, la SEDESOL se encontró con muchas tareas diversas. No teníamos Comedores Comunitarios en el estado que produce el 30% de los alimentos del país y no teníamos una estrategia en una entidad que tiene, en el campo y la pesca, generación de empleo, valor y riqueza. Además, en las comunidades marginadas nos faltaba la voluntad de sumar entre todos los órdenes de gobierno.

Sin embargo, en las últimas semanas he visitado Sinaloa, en compañía de su gobernador Quirino Ordaz, y he sido testigo del entusiasmo de un gobierno que se siente cerca de la gente, sin poses y sin protocolos, y que nos contagia a quienes hemos estado trabajando por allá. Esa energía la sentí en San Miguel, en el municipio de Ahome, cuando llegamos porque había que incorporar a un estado más al programa de Comedores Comunitarios. Ahora, con Sinaloa, ya tenemos presencia en 24 entidades, para sumar más de cinco mil 200 comedores en donde invitamos a comer a la gente.

En este sentido, el presidente Peña Nieto y el secretario Miranda Nava nos han pedido actualizar los menús, para que así mejoremos el servicio en los comedores. Allí, las historias son todas emocionantes, desde las 60 mil voluntarias hasta el millón de raciones de comida que servimos; con cada desayuno, hasta las interminables sesiones de dominó de los adultos mayores, en todo momento están pasando cosas buenas.

Por otro lado, durante el pago del programa de 65 y más, mientras tomaba una rica agua de cebada, que nunca había probado pero que me advirtieron me haría regresar, Don Ismael nos dijo al gobernador Quirino y a mí: "qué bueno que nos cuiden, porque van que vuelan para estar viejitos". Y sí, tiene razón. La realidad demográfica del país debe ser motivo de reflexión que no podemos dejar a un lado.

Justo por eso, en la administración del presidente Peña Nieto el programa pasó de atender a adultos mayores de 70 años a mayores de 65 años. Pasamos de atender a poco menos de dos millones de beneficiarios a más de 6 millones; este año, dejaremos de aplicar las Pruebas de Vida que generaban largas colas, para atender mejor a nuestros abuelitos, y al mismo tiempo estamos vinculando el programa con los Comedores Comunitarios, para que quienes lo necesitan puedan comer con nosotros.

Don Ismael representa la realidad de un gran desafío de nuestra economía: las décadas de empleo no formal tienen como resultado que millones de adultos mayores no tengan una pensión. Esto significa que la política social, en los siguientes años, tendrá que voltear a ver con mayor profundidad este tema que nos ocupa a todos.

A diferencia de otros programas que debieran ir disminuyendo porque vamos superando las condiciones de pobreza, 65 y más deberá ser una herramienta que fortalezcamos. Juntos debemos ofrecer, con políticas públicas, esa cohesión social que los adultos mayores necesitan, con oportunidades de empleo y autoempleo, pero sobre todo, con un paraguas de protección que nos exige hacia adelante. Ojalá y Don Ismael tenga razón y vivamos muchos años más, pero mientras tanto, deberemos hacer un esfuerzo fundamental por el bien de los adultos mayores, de hoy y del futuro.

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