Tregua

  • Ekos
  • Javier García Bejos

Estado de México /

Los conflictos son fuente de cambios. Romper paradigmas, atacar el statu quo y generar tensiones, obligan indudablemente a negociar y encontrar nuevos equilibrios. La construcción de estos es tarea compleja que requiere tiempo, perseverancia y claridad sobre el resultado que se quiere alcanzar.

Los momentos de alta tensión son reflejo de ese difícil vericueto de transición entre el pasado y lo que viene. Por eso, la Cuarta Transformación tenía que romper equilibrios y trastocar el statu quo como camino para consolidar un nuevo modelo político, social y económico que rompiera la estabilidad que había sido aceptada como una buena manera de conducir al país: sin rupturas ni cuestionamientos.

Después de 3 años de gobierno, la situación se va tornando más compleja porque el enfrentamiento de unos y otros se ha convertido en moneda corriente de la nueva normalidad política. Polarizar, romper, acusar, son las palancas de ida y vuelta de la política mexicana que en estas últimas semanas está empezando a mostrar el desgaste de los actores políticos y de los bruscos virajes en la agenda nacional, ante las miradas de hastío de una ciudadanía al borde de su clase política.

Ante este recrudecimiento del choque de fuerzas, los grandes -y los pequeños -políticos del país, deberían llamar a la reflexión y darse una pausa; una tregua, un espacio en el que se alivie el proceso de desgaste de ganadores y perdedores en el momento de cambio que vive el país, con miras a no perder de vista lo que de verdad es fundamental: generar crecimiento, inversión, empleo, paz, mejores gobiernos y mejores políticas públicas: que logremos aliviar la pobreza y veamos todos al futuro con esperanza.

El camino del conflicto eterno, del desequilibrio, genera ansiedad e incertidumbre y en una coyuntura tan compleja como la actual, en el mundo y en el país, podría convertirse en una suerte de “boomerang” y ese riesgo, la sola posibilidad de pensar en regresiones absurdas, deberían ser el mejor incentivo para que nos serenemos como sociedad, y que podamos exigir a los actores políticos, a los medios, a los empresarios, a las instituciones públicas, el alto a los gritos que están ensordeciendo la agenda nacional.

Cambiemos el tono.

Hay que escucharnos más entre nosotros para lograr espacios de tregua, para redefinir rumbos con altura de miras y entonces, seguir cambiando y transformando, pero no destruyendo. Nuestra política debe hacer más política que nunca y nuestros representantes tienen que asumir la responsabilidad histórica de conducir la agenda nacional con generosidad y espacios para todos.

Es lo mínimo que merecemos los ciudadanos. Es lo mínimo que merece México.

Javier García Bejos

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