Papalotes, objetos de museo para los niños

  • Panóptico
  • Javier Sepúlveda

Ciudad de México /

Estamos a la mitad de febrero, un mes que en décadas pasadas los niños esperaban con ansia para fabricar papalotes unos, o pedir que sus padres se los compraran, otros.

Siempre era más divertido construirlos, porque cada papalote volaba con un ángulo de inclinación diferente, según el largo, el ancho y sobre todo, la altura de cruce de la vara transversal sobre la vertical.

Los papalotes más sencillos podían tener la estructura de ramas secas y ligeras, o si podían conseguirse, con tiras de un palo de bambú o carrizo se armaba una cruz que se forraba con plásticos de bolsas de desecho.

Construirlos con ayuda de mamá, de papá, de ambos, o de los hermanos mayores, era toda una lección de geometría, de manualidades, de aprender a hacer nudos con hilo, pero sobre todo de física y hasta de aeronáutica cuando aquellos papalotes, a veces con colas hechas con tiras de ropa vieja o de plásticos multicolores, alzaban el vuelo.

Cuando se trataba de papalotes hechos en casa, siempre era un orgullo verlos volar muy alto y serpentear con los vientos cruzados, que a veces provocaban que la cola se enredara con el hilo de soporte y caían al suelo: era otra lección de que el timón de cola era muy corto y le restaba estabilidad.

Saltan estos recuerdos de los papalotes de la infancia porque da gusto saber que Papalote Museo del Niño, ese sueño echado a volar por la mente creativa de Marinela Servitje, sea todo un éxito en Monterrey, luego de siete meses de operaciones en el Parque Fundidora.

Lo que da tristeza es que juguetes tan básicos como los papalotes hechos en casa sean hoy objetos de museo, ante la falta de grandes parques y espacios abiertos que les permitan a los niños echarlos a volar junto con sus sueños de vida.

Y peor aún: que con una atmósfera tan contaminada, los niños se quedan en casa entretenidos con videojuegos, porque las actividades al aire libre, al igual que los juguetes más simples, agonizan lentamente.

javier.sepulveda@milenio.com

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