Valor sentimental: Joachim Trier y el costo emocional del arte

  • De paso
  • Jessica Ayala Barbosa

Laguna /

El director noruego Joachim Trier ha trabajado en tres ocasiones con Renate Reinsve y en cada una de ellas ha logrado llevarla a niveles deslumbrantes.

En Valor Sentimental (Sentimental Value, 2025), Reinsve interpreta a Nora, una actriz de teatro que, no obstante su prestigiosa trayectoria, lidia con paralizantes ataques de pánico antes de cada función.

Su vida entra en crisis cuando muere su madre y en el funeral reaparece su padre, Gustav Borg (Stellan Skarsgård), un reconocido director de cine en declive que tras el divorcio se concentró en su carrera y estuvo ausente para ella y su hermana Agnes (Inga Ibsdotter Lilleaas).

Tras las exequias, Gustav les comunica que planea quedarse con la casa, una propiedad que ha pertenecido a su familia durante varias generaciones y ha sido testigo mudo de una historia que pretende llevar a la pantalla grande. Su intención es que Nora protagonice lo que será su película más íntima, pero cuando le muestra el libreto, ella lo rechaza sin siquiera leerlo.

Aunque Gustav le asegura a Nora que el papel ha sido especialmente escrito para ella y que no existe nadie más que pueda interpretarlo, pronto se lo da a Rachel Kemp (Elle Fanning), una entusiasta actriz estadounidense con una carrera que representa lo opuesto a la de su hija.

Esa decisión trae un alud de consecuencias tanto para la producción como para la dinámica familiar. La presencia de Rachel desencadena crisis creativas y de identidad en cada miembro de la familia, al tiempo que revela las grietas que amenazan con derrumbar la de por sí enclenque estructura que los sostiene.

La identificación que Nora siente desde niña con la casa funciona como analogía del rol que ha desempeñado en la vida familiar, albergando secretos, alegrías y tragedias que dejan huella y resquebrajan pero parecen imposibles de comunicar. Solo el arte ofrece la posibilidad de canalizar tantas emociones, pero a un alto costo.

El drama filial le sirve a Joachim Trier y su coguionista Eskil Vogt para reflexionar en torno al papel del arte como pilar de la vida, pero no desde una perspectiva romántica o edulcorada, sino desde los abismos que le dan origen y sentido.

Gustav, marcado por el suicidio de su madre, quien en su juventud fue torturada durante la ocupación nazi en Noruega, encontró en el arte un camino al que decidió consagrarse sin importarle el rumbo que tomara la relación con sus hijas. En su retorno le toma algún tiempo comprender la distancia emocional porque a pesar de hacer su vida lejos de ellas se repite a sí mismo que son lo más importante que le ha pasado.

Cuando el rechazo de ambas le revela sus fallos, no ofrece disculpas, sabe que no servirían de nada, la única vía es tirar la casa e intentar reconstruir sobre el terreno del arte, si es que alcanza el tiempo y rescatar solo aquello que tenga un valor sentimental.

Un guión complejo e inteligente, una dirección elegante que evade el maniqueísmo y unas actuaciones brillantes hacen de Valor sentimental una película imprescindible para los amantes del cine.


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