El Mundial que México no preparó

  • Ajedrez económico
  • Jesús G. Reséndiz Silva

Tamaulipas /

Dentro de unos días comenzará la Copa Mundial de la FIFA 2026. Durante meses hemos escuchado estimaciones sobre turismo, ocupación hotelera, derrama económica y promoción internacional. Sin embargo, detrás del entusiasmo existe una pregunta: ¿realmente México se preparó para este Mundial?

Algunos sectores plantearon que México debió haber organizado el Mundial por sí solo. Sin embargo, vale la pena cuestionarse si el país habría estado preparado para asumir una responsabilidad de esa magnitud. La realidad sugiere lo contrario. Si hoy existen dudas sobre el nivel de preparación de las ciudades para recibir una cantidad relativamente limitada de encuentros, un Mundial completamente organizado por México habría representado una presión extraordinaria sobre infraestructura, servicios públicos y capacidades institucionales.

La situación es semejante a cuando recibimos visitas en las vacaciones. Debemos planear a qué lugares iremos y asegurarnos de contar con lo necesario como alimentos, espacios para dormir, etc. Además, hay que tener disponibilidad de tiempo y disposición para atender como se merece a nuestros invitados. Durante esta estancia, aumentará el consumo del agua potable, electricidad y gas en el hogar. En caso de que tengamos vehículo, la gasolina es otro gasto por considerar.

Las ciudades enfrentan exactamente lo mismo. Deben contar con hoteles, suficiente transporte público de calidad, seguridad, adecuado suministro de agua, electricidad, servicios médicos y capacidad logística para absorber una demanda extraordinaria sin afectar significativamente la vida cotidiana de sus habitantes.

Las autoridades conocieron desde 2018 que el país sería una de las sedes del torneo. Ocho años representan una eternidad en términos de política pública. Tiempo suficiente para diseñar estrategias, desarrollar infraestructura, fortalecer capacidades institucionales y construir un legado económico que trascendiera al evento deportivo. Sin embargo, a pocos días del inicio del torneo, resulta difícil identificar cuál fue la estrategia nacional que se construyó alrededor de esta oportunidad.

La reciente discusión sobre gobernanza anticipatoria impulsada por la CEPAL apunta precisamente en esta dirección. Es decir, se debió preparar a los territorios para el evento, pero al mismo tiempo usar el Mundial como plataforma para realizar inversiones con visión de largo plazo. Los grandes eventos son ideales para ampliar la capacidad operativa de las ciudades más allá de las necesidades inmediatas.

Una infraestructura digital más robusta, espacios públicos renovados o fuertes cadenas productivas pueden funcionar como una especie de reserva estratégica para enfrentar futuras contingencias. Asimismo, tal reserva sirve para atraer nuevas inversiones y responder a incrementos en los patrones de consumo de la población.

El Mundial de 2026 debió aprovecharse. Debió obligarnos a reflexionar y actuar sobre la capacidad de nuestras ciudades para planear, coordinar, generar recursos económicos y construir capacidades que sirvieran no solo para el torneo, sino también para enfrentar los desafíos futuros de sus territorios.


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