Entiendo que ha resultado imposible separar la historia del deporte de la política, pero hasta cuándo tendremos que tolerar que se sigan realizando magno eventos deportivos en sedes que no levantan más que cuestionamientos en distintos ámbitos respecto a los derechos humanos.
Los Juegos Olímpicos de Invierno de Pekín dan inicio el 4 de febrero, pero todo lo que se ha hablado alrededor de la justa es política. Aunado al boicot diplomático de distintas naciones como EU, Australia, Japón, Canadá, Estonia y Gran Bretaña, también están las consecuencias ambientales de montar el escenario al lado de una reserva natural con nieve artificial, porque no había suficiente. Esta nueva maquinaria y proceso del hombre ha ocasionado fracturas en distintos atletas que han hecho un llamado sobre los peligros de deslizarse sobre nieve artificial. Los boletos ni están a la venta y solo podrán asistir locales. Además, los encargados del tema de seguridad y salud dejaron claro que sería el evento deportivo más restringido desde que comenzó la pandemia. Las típicas burbujas se quedan cortas con lo que habrá, donde el gobierno chino incluso ha presumido el uso de la tecnología, como robots, para minimizar la interacción humana. Ante el actual clima político y social, los patrocinadores del evento, que han invertido más de mil millones de dólares en el COI, están en silencio. Por más que Thomas Bach insista en que los JO deban ser políticamente neutrales, hoy es imposible acallar a las centenares de organizaciones en busca de la justicia social en el mundo. El propio dirigente del Comité Olímpico Internacional ha sido criticado por el manejo alrededor del caso de la tenista Peng Shuai y un discurso carente de pronunciarse sobre el genocidio uigur. El tema no es solo China, en ocasiones atletas dependen de la situación política y social de sus países para poder participar y perseguir sus sueños. Dos esquiadoras bielorrusas fueron privadas de competir por los boletos olímpicos por una acusación al gobierno de Lukashenko. La nación fue protagonista de las mayores protestas antigubernamentales por elecciones fraudulentas en 2020. Otro de los tantos gobiernos que bloquean posturas y censuran.
Jimena Rodríguez