“Esas explicaciones sistemáticas de lo real que se llaman ideologías, especie de máquinas para escoger los hechos favorables a nuestras convicciones y rechazar los otros”.
Cualquier mandatario podría hacer suya esta máquina que propone Jean-François Revel, y más en el siglo XXI donde, para abastecer a todas las pantallas, hay que producir un tumulto de explicaciones sistemáticas de lo real, para ocultar la realidad.
Trofim Lysenko, un ingeniero agrónomo ucraniano, escogió los hechos que favorecían a la ideología del régimen soviético y diseñó, y aplicó, con el beneplácito de su jefe, Stalin, una biología proletaria, para contrarrestar a la biología burguesa que observaba la frivolidad, decía Lysenko, y Stalin asentía, de tomarse en serio el darwinismo y de dar por buena la existencia de los genes, pues a los seres vivos los formateaba un ambiente propicio y popular, no esa zarandaja capitalista de heredar los genes de un antepasado. Gracias a la biología proletaria el mono uacarí podía ser un tigre de Bengala, que antes de su instrumentalización ideológica era un animal radicalmente reaccionario.
Por ejemplo, a Lysanko se le ocurrió una técnica agrícola para acelerar el desarrollo de los cereales en invierno, que hizo colapsar al campo soviético, y un sistema de reproducción para aumentar la productividad de las vacas, que dejó a medio país sin leche.
Cada vez que Lysanko aparecía en el Sóviet Supremo, para reiterar que la genética burguesa estaba al servicio del capitalismo, porque justificaba las desigualdades innatas, Stalin gritaba desde el presídium: “¡Bravo, camarada Lysenko, bravo!”, y los diputados aplaudían a rabiar.
Cuando murió Stalin, Lysenko, claro, cayó en desgracia, y también la biología proletaria, que dejó paso a la biología burguesa y reaccionaria de toda la vida.
Aunque Stalin no veía tigres de Bengala donde había uacaríes, le convenía verlos y decir que los veía e incluso gritarles ¡bravo!, como hace cualquier mandatario de nuestro tiempo cuando tiene que cubrir, con un tigre magnífico, la corrupción y la futilidad de su gobierno.