La pausa de hidratación

Ciudad de México /
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La FIFA multiplica su negocio con su chapuza de mercado. AFP

La pausa de hidratación, ese novedoso gracejo de la FIFA, es, como todos sabemos, una estrategia de mercado para meter anuncios a mitad del juego. La hidratación es el pretexto. Un deportista de élite está entrenado para correr 45 minutos sin parar, sin necesidad de descansar ni de beber agua o, si acaso, beber dos tragos del botellín que le da el aguador cuando se arrima a la orilla del campo. Es verdad que hace calor, pero no en los estadios climatizados de Estados Unidos. 

Más allá de la chapuza de mercado, la pausa está cómodamente encuadrada en la creciente fragilización del ciudadano. En el mundo rudo de hace unos años, no hubiera sido tan fácil colarnos la pausa. 

Lo frágil, que en el siglo XX era una forma de debilidad, hoy se ha convertido en un estado no sólo respetable, también tiene prestigio: se nos invita, todo el tiempo y de muchas maneras, a ser frágiles. Los lectores, o los espectadores en el cine, por ejemplo, ya no pueden exponerse a ciertas escenas porque se sienten lastimados; hay una famosa tenista que se retira por temporadas de los torneos importantes porque se pone nerviosa con la presión del público y de la prensa, y esto le ha dado un prestigio enorme, se le ve como una persona muy sensible, en lugar de, como se le hubiera visto el siglo pasado, como una deportista sin la imprescindible resistencia, física y emocional, que requiere una atleta de esa dimensión. A esta fragilidad hay que sumar lo valioso que hoy resulta exhibir las heridas y los traumas, la legitimidad moral automática que adquieren las víctimas de cualquier denominación, y que en las escuelas ya no existen ni los burros ni los huevones, ahora lo que hay son frágiles damnificados por el TDA. No es broma aquello de “la generación de cristal”.

Hoy lo frágil tiene prestigio, la gente no es débil sino sensible y, en este marco, la pausa de hidratación para esos muchachos, físicamente superiores a cualquiera de nosotros, no parece ningún escándalo. “Pobres, necesitan beber y descansar”, comentan las almas piadosas y fragilizadas del siglo XXI, mientras la FIFA multiplica su negocio.


  • Jordi Soler
  • Es escritor y poeta mexicano (16 de diciembre de 1963), fue productor y locutor de radio a finales del siglo XX; Vive en la ciudad de Barcelona desde 2003. Es autor de libros como Los rojos de ultramar, Usos rudimentarios de la selva y Los hijos del volcán. Publica los lunes su columna Melancolía de la Resistencia.
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