Melancolía de la Resistencia

La receta para alcanzar la felicidad

Jordi Soler

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“Los novelistas que son más inteligentes que sus obras deberían cambiar de oficio”. Esto lo escribió Milan Kundera en su ensayo El arte de la novela (1986), y me recuerda a la receta para conseguir la felicidad que propone el filósofo Daniel Dennet, que voy a transcribir, con todos sus ingredientes, más adelante.

Kundera dice que el auténtico novelista escucha una voz que está más allá de él, “la sabiduría suprapersonal, lo cual explica que las grandes novelas sean siempre un poco más inteligentes que sus autores”.

La verdadera novela es mejor que su novelista, y lo mismo sucede con el resto de las artes, cuando son verdaderas. Este es uno de los grandes privilegios de nuestra especie: somos capaces de construir obras que son mejores que nosotros.

Esto, para empezar, deja en entredicho la estridente promoción que hace de sí mismo el artista del siglo XXI, que tiene que salir a promover su obra como si quisiera vendernos una lavadora. El artista de hoy se sitúa precisamente en el extremo contrario: él es más importante que su obra.

Cuando se publicó Libertad bajo palabra (1949), Octavio Paz vivía en París y recibió el primer ejemplar en un paquete que le envió, desde México, Alfonso Reyes. En la carta de agradecimiento que le escribe a su maestro, Paz le dice que ver su libro publicado “ha sido como una prueba, superior a la de Descartes, de mi existencia personal, de la que ya empezaba a dudar”. Luego dice que el libro, una vez publicado, ha dejado de ser suyo y que “la existencia que justifica es la de otra persona —mejor y más pura que yo—”.

Paz, Igual que Milan Kundera, entiende que ha escrito una obra que es mejor que él, y los dos aplican, avant la lettre, la receta para alcanzar la felicidad que propone el filósofo Daniel Dennet: “busca algo más importante que tú y dedica tu vida a eso”.

Al parecer se trata de reorientar el foco, de mirar más allá de la propia nariz, o del ombligo y de aceptar, con toda humildad, que el mayor obstáculo para la felicidad somos nosotros mismos.

Jordi Soler


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