La facilidad con la que puede uno desplazarse a otros países en el siglo XXI ha hecho del viajar uno de los entretenimientos predilectos del ciudadano occidental. El viaje se ha romantizado y está de moda, pareciera que lo normal sea viajar cuando la verdad es que fuimos nómadas hasta que conseguimos asentarnos en un sitio fijo. La peor parte de los viajes es el propio viaje, que siempre está lleno de contratiempos e incomodidades; lo mejor está en los extremos: la preparación y la memoria que nos deja el viaje. Yo más que viajar prefiero haber viajado. Otra cosa es el viaje ecoturístico. De un siglo al otro la selva cambió de signo. La imagen de un momento placentero en la jungla era, hasta hace unos años, la de un señor vestido de lino blanco, con sombrero panamá y un vaso de whisky en la mano, mirando la fauna y el espeso verdor desde la sana distancia que le daban su atuendo, su actitud y el barandal de la terraza que separaba la civilización de la barbarie. Pero el ecoturismo propone que el turista y la selva sean una misma entidad, ha aniquilado esa distancia, y hoy la imagen de un momento placentero en la jungla, es la de un individuo en camiseta, pantaloncillo corto y botas llenas de lodo, sobrevolando el espeso verdor colgado de una tirolesa. Esa misma naturaleza, para el hombre del siglo anterior, era un territorio propicio para las caminatas sosegadas, las grandes comilonas a la intemperie y para leer o sestear en una hamaca. Pero para el ecoturista la naturaleza es un campo de batalla que exige más trabajo, y más sudor, que la dura vida cotidiana, esa de la que se pretende descansar durante las vacaciones. El ecoturista madruga, desayuna a toda velocidad papaya y cereales integrales, y luego sale disparado rumbo a los rápidos de un río y, si no queda exhausto al final del día, quiere decir que no se ha divertido, que se ha comportado como esos hombres indolentes del siglo anterior, que se levantaban tarde de la cama y desayunaban parsimoniosamente mientras leían la prensa; esos insensatos que se creían que las vacaciones eran para descansar.
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