En el siglo XXI leemos más palabras que en ninguna otra época, pero en textos mucho más breves. El texto largo exige una atención, y un tiempo de lectura, que va a contrapelo del ritmo de hoy: escritos breves para leer rápidamente y pasar a otra cosa, que puede ser otro escrito breve.
El asunto no es nuevo, durante el siglo III a.C, circulaba en Alejandría esta consigna: libro grande, gran mal (mega biblión, mega kakón). La consigna llegó hasta el siglo I a.C. y alcanzó para formar un grupo de escritores, contra los textos largos, que se hacían llamar “Los más nuevos” (Neóteroi).
Estos modernillos, que hace 2 mil años sacudían el mundo literario romano, militaban contra los larguísimos poemas épicos, como los de Homero, y proponían, en un manifiesto, escribir textos breves de “perfección absoluta” y con un pulido, limado mejor dicho, extremo (labor limae).
Aquí el proyecto difiere de los textos breves de nuestra época, en los que el factor más importante es la inmediatez, sin mucho énfasis en la labor limae.
Por ejemplo, Helvio Cinna tardó nueve años en escribir su poema “Zmyrna”. Hoy, en un lapso de nueve años, probablemente ya hubiera desaparecido la red social en la que pretendía publicarlo. Otros neóteroi célebres fueron Valerio Catón y Cátulo.
Los neóteroi fueron, seguramente, los primeros creadores de contenido en formato corto, y dos milenios después nos encontramos en la misma situación; los ciclos culturales se repiten, pero de otra forma y por otros motivos. Aquella era una protesta contra los largos poemas épicos, mientras que la de hoy no protesta contra nada, pues la brevedad ha sido impuesta por los formatos que convienen a las nuevas tecnologías, y esta imposición, de paso, va mermando el umbral de atención y la paciencia de los lectores.
Los motivos son distintos, como digo pero, igual que los Neóteroi, estamos instalados en el territorio de la brevedad. El ciclo cultural del texto breve efectivamente se repite en nuestro siglo, regresa, pero varios estratos más abajo: lo que fue una revuelta artística hoy es la pura exigencia del formato.