Lo malos que somos

Ciudad de México /
Se supone que del caos del Big Bang vamos al orden. Shutterstock

Basta abrir un periódico, o asomarse a X, para darnos cuenta de que somos cada vez más malos. Consideremos que somos hijos del Big Bang, de esa tremenda explosión originaria que produjo un caos que, a lo largo de millones de años, se ha ido ordenando.

Platón cuenta en el Timeo del Demiurgo que ordena el caos y Carl Sagan, sin Demiurgo pero con animación 3D, nos explica ese proceso que va del caos al orden. Esto, en todo caso, se ha comprobado científicamente con el radiotelescopio ALMA, en Chile, que localizó, en el fondo más tétrico del universo, el estruendo fundacional del Big Bang. 

Vamos, teóricamente, en la misma dirección del cosmos, del caos al orden; pero se antoja poner esto en duda cuando catamos el estado del planeta. Hoy estamos más cerca del caos que del orden, vamos hacia atrás, vemos imágenes, escenas, secuencias que parecen traídas de un tiempo que creíamos ido, pero las acaba de grabar un ciudadano con su iPhone. 

Digamos que nuestro camino del caos al orden podría ser el que va del mal al bien. Y concedamos que este retroceso nos ha hecho más malos, vemos las cosas malas con una ligereza impropia de nuestra supuesta bondad innata. 

¿Somos buenos por naturaleza? Hobbes veía una guerra de todos contra todos, donde la bondad era más bien miedo e instinto de supervivencia; pero Rosseau decía: “El hombre es bueno por naturaleza, es la sociedad la que lo corrompe”. Uno nos colocaba más cerca del caos y el otro más cerca del orden. Sartre decía que elegimos ser buenos o malos porque llevamos incorporadas la bondad y la maldad, como ya por cierto lo había dicho Aristóteles dos mil cuatrocientos años antes: no nacemos ni buenos ni malos, sino con potencia para ser cualquiera de los dos. 

Stefan Sweig relaciona nuestra maldad con el caos del Big Bang, esa explosión atronadora de donde viene la materia de la que están hechas todas las cosas y todos los seres vivos, incluidos los de nuestra especie: es como “si la naturaleza hubiese infundido en nuestra alma una irremediable porción de inestabilidad, procedente de sus restos de antiguo caos”.



  • Jordi Soler
  • Es escritor y poeta mexicano (16 de diciembre de 1963), fue productor y locutor de radio a finales del siglo XX; Vive en la ciudad de Barcelona desde 2003. Es autor de libros como Los rojos de ultramar, Usos rudimentarios de la selva y Los hijos del volcán. Publica los lunes su columna Melancolía de la Resistencia.
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