Los idiotas

Ciudad de México /
Con el uso de la IA, el cerebro va perdiendo tono. J. C. Bautista

Aunque la inteligencia artificial no es muy inteligente terminará reinando por una razón muy sencilla: nos irá volviendo cada vez más idiotas. La apuesta es igualarnos a la baja, ponernos a su nivel, que no es muy alto pero, en el futuro, será el único que habrá.

La idiotización ya ha comenzado. Cada vez que acudimos a Google, en busca de ese dato que no recordamos en el acto, o a Google Maps porque así es más fácil llegar, o a la IA para que nos ahorre el esfuerzo de escribir ese mail; cada vez que hacemos eso el cerebro va perdiendo tono y, eventualmente, terminará atrofiándose. Y entonces la IA habrá triunfado.

Pensar naturalmente ya empieza a ser impráctico y gravoso, ¿para qué voy a pensar por mí mismo si GPT, Claude, Gemini o Perplexity ya me ofrecen una batería de ideas hechas, combinables en pensamientos y reflexiones sobre cualquier tema? Pensar por nosotros mismos, a estas alturas del milenio, equivale a subirse a un árbol y desplazarse por la rama para coger una manzana, en lugar de agarrarla pulcramente de la estantería del supermercado. ¿Para qué buscar un pensamiento entre la fatigosa arborescencia del cerebro o una reflexión en las miasmas de la Conchinchina neuronal si mi teléfono me ofrece todo eso sin que haga yo ningún esfuerzo?

La IA establece un clima único de pensamiento, donde todavía puede paladearse esa forma mecánica de enganchar la información, donde aún podemos percibir el tufo verdoso del algoritmo, pero este clima dentro de poco no va a ser fácil de detectar y al correr del tiempo será la norma y, un poco más adelante, ya casi nadie será consciente de que antes se podía pensar a pelo, sin prótesis. Ese clima único va a terminar chocando con las ideas, siempre excéntricas e incendiarias que pueda tener naturalmente un individuo. Pensar fuera de ese clima, sin el cómodo corsé del algoritmo, será una afrenta social y un suicidio pues nadie va entender qué quiere decir ese imprudente, ese orate que piensa por sí mismo y más le valdrá, si quiere evitar la defunción social, volverse alegremente idiota, como todos los demás.


  • Jordi Soler
  • Es escritor y poeta mexicano (16 de diciembre de 1963), fue productor y locutor de radio a finales del siglo XX; Vive en la ciudad de Barcelona desde 2003. Es autor de libros como Los rojos de ultramar, Usos rudimentarios de la selva y Los hijos del volcán. Publica los lunes su columna Melancolía de la Resistencia.
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