Una línea divide a la gente que actúa de la gente que piensa. Hay quien piensa más que actúa. Quien rema en un rabión, en los rápidos de un río, desafiando el furor del agua, vive más agitadamente que quien se sienta a pensar en un chaise long. Eso dice el cliché que, como todo cliché, algo de razón lleva.
El filósofo francés Henri Bergson hurga en esta línea que divide a las personas en su ensayo L’évolution créatrice (1907): La especulación es un lujo mientras que la acción es una necesidad (La spéculation est un luxe, tandis que l'action est une nécessité).
Digamos que nuestros ancestros no se podían dar el lujo de pensar cuando estaban cazando un mamut o, más bien, había más acción que pensamiento en ese lance, igual que piensa poco, y actúa mucho, quien está a punto de ser mordido por una víbora nauyaca. La especulación, el errar con el pensamiento, es el lujo de la especie humana porque la capacidad de acción pertenece a nuestro ser animal. Reaccionamos ante la nauyaca igual que lo haría un perro o un chimpancé.
También es verdad que hay bastante acción en el corredor de bolsa que está sentado en una silla, sin hacer nada más que mirar una pantalla, tratando de no perder dos millones de dólares, de la misma forma que hay pensamiento en el tenista que, en una fracción de segundo, opta por el globo en lugar del passing shot. Aquí la línea entre los que piensan y los que actúan se emborrona.
En 1937, en un famoso coloquio internacional de filósofos llamado Congreso Descartes, Henri Bergson dejó establecido ese emborronamiento: “Hay que actuar como hombre de pensamiento y pensar como hombre de acción” (Il faut agir en homme de penssé et penser en homme d’action).
Esta ecuación del filósofo se acerca más a la realidad; todas las personas somos, en distintas proporciones, las dos cosas: pensamos en plena acción y actuamos cuando estamos pensando. Quizá no sea una línea emborronada la que trazó Bergson y la cosa se parezca más a la desembocadura del agua dulce que entra en el agua salada, al punto en el que el río se confunde con el mar.