Me tiro en la arena a más de 40 grados centígrados y no puedo pensar en nada más que en agua y un descanso. Mis pies están destrozados de recorrer más de 200 kilómetros hasta ahora en el desierto del Sahara a temperaturas inhumanas. Llevo más de cuatro días recorriendo el desierto en uno de los ultramaratones más difíciles del mundo: el Maratón des Sables. No puedo dejar de pensar en qué momento decidí empezar a correr y peor aún: para qué me inscribí en esta carrera. Saco fuerza de no sé dónde y me levanto. Faltan 20 kilómetros para la meta de esta etapa, camino con paso débil, que se convierte en trote, y al poco tiempo estoy corriendo. Rebaso a algunos corredores que sufren más que yo. ¿Cuánto de esto solo está en mi cabeza? ¿y si en vez de sufrir, mejor comienzo a disfrutarlo? Me cambia la cara a una sonrisa, y mientras los demás corredores creen que estoy delirando, los adelanto y saludo con una cara radiando felicidad. Sí, esta es mi carrera, sí, esto es lo que yo elegí.
Me acerco a la meta y veo por todo lo que pasé. Ahí es cuando recuerdo que corro ultramaratones por lo que aprendo sobre mí y sobre emprender. Cada uno es una carrera en su propia manera, una finita y la otra infinita.
El corazón mismo de ambas experiencias es la resiliencia. Los ultramaratones son un desafío físico y mental que me empuja a mi límite y a conocerme mejor. Fatiga extrema, terreno cambiante, clima impredecible y la constante batalla contra sus propias dudas. Emprender igualmente es tomar un camino sin conocer, falta de fondeo, productos que no funcionan y competencia feroz. Ambos se tratan de levantarse cuando caes, empujar a través del dolor y aprender de cada tropiezo. Entender que seguimos siendo personas y las caídas no cambian nuestra identidad. Jorge es Jorge como persona, el Jorge ultramaratonista o el Jorge emprendedor solo existen en mi cabeza.
La preparación y estrategia juegan un papel crucial. El éxito de la carrera no es solo preparación física, se trata de planificación: nutrición, sueño, entrenamiento zona 2 y anticiparte a lo que va a suceder. El mundo empresarial es muy similar. Tener un plan, anticipar problemas y establecer metas intermedias. Ambos requieren una visión y de ahí construir el camino paso a paso. El camino y la ruta a la meta solo se van volviendo claros cuando damos el primer paso, y luego otro y luego otro. Siempre un paso a la vez.
También he aprendido sobre adaptabilidad. En un ultramaratón cualquier cosa puede suceder. Una tormenta de arena, una barranca en la montaña, piedras sueltas o simplemente deshidratación o agotamiento inesperado. Hay que pensar rápido para superar estos obstáculos. El emprendimiento es similar: el mercado puede cambiar inesperadamente, o nuestro producto puede no funcionar. En ambos hay que ser rápidos para pivotar, saber que nada está escrito y que el plan es solo eso: un plan, pero conforme cambian las circunstancias, nosotros debemos adaptarnos.
Gracias a los ultramaratones he podido desarrollar metas a largo plazo, una visión que puede tardar años en prepararme y ejecutar. Se puede tardar años en adaptar nuestro cuerpo a la resistencia, al ritmo constante y mantener mis ojos en el objetivo distante. Emprendiendo no existen los éxitos de la noche a la mañana; lo que vemos es resultado de años de trabajo, paciencia y un compromiso que comenzó hace mucho tiempo junto con un sueño. En ambos, el día de la carrera es el resultado de años de trabajo compuesto.
Aún más importante que estos cuatro puntos de similitudes, me ha hecho conocerme más de cerca como persona. Que lo divertido está en los bordes. Que los límites están en mi cabeza. Que mi presente se lo debo a la consistencia de los miles de Jorges del pasado y que el futuro se lo debo a lo que haga en el presente. Que siempre lo mejor está por venir y que soy el único responsable del camino que construyo.
Cruzo la meta con 252.8 kilómetros con más de 2 mil 780 metros de elevación en el desierto. Estoy cansado de ver un horizonte de arena sin fin por días. Cuando la cruzo, sé que ésta no fue la meta real, sino solo un paso más en el camino.