Alfa y Omega XXIV (W)

  • Trampantojo
  • Jorge Fernández Acosta

Ciudad de México /

La cultura Wixárika representa el testimonio fundacional de las raíces que sustentan el fluir vital en conexión con la divinidad encarnada en el águila y el venado en su tránsito a través de universos inverosímiles donde habita el espíritu de los ancestros y cuya misión es enseñarnos a trascender el tiempo y el espacio a fin de establecer el territorio de la eternidad. Su vocación histórica es llevarnos consigo a entender los rituales de la armonía en los sitios sagrados que definen su cosmogonía: Cerro Gordo, Real de Catorce, La isla de Los Alacranes, San Blas y el caliway wirikuta.

Wittgenstein emerge airoso como la piedra de toque científica del pensamiento filosofal. Su discurso es el parámetro sine qua non para descifrar las claves secretas de la iluminación y establecer los códigos de identidad de un sistema intelectual que construye la realidad a partir de la abstracción y la palabra fundamentada en la razón absoluta y en la preexistencia de la lógica como instrumento supremo de la verdad. Sugiere que el límite del lenguaje que somos capaces de conocer, entender, comprender e interpretar es el referente para elaborar nuestra concepción del universo. Nada acontece fuera de la experiencia racional pura.

Los Wodaabi conciben la belleza a partir de la alegría en la expresión multicolor en el rostro y la indumentaria masculina. Se representan a sí mismos como la cultura de la felicidad. Se caracterizan por trastocar nuestra concepción estética y ofrecernos el espectáculo visual de la sensualidad reflejada en el rostro de los varones de su tribu. Es la manifestación más pura y rica del modo en que su cosmovisión ha encontrado la manera de ser audaces respecto a los cánones occidentales que dictan el culto a lo femenino en torno a la graciosa sonrisa y vibrante luz que irradian.

Washington comprende las más diversas acepciones y simbolismos, de entre los que destaca su dimensión como la insigne capital de la hipotética tierra de la libertad y las oportunidades, donde su arquitectura es emblemáticamente blanca como trasunto de la pureza, la igualdad y la democracia. Es una ciudad franca, amplia y abierta que fue concebida para enaltecer el espíritu de la armonía. Su diseño urbano define espacios de encuentros axiales y recorridos a través de la generosidad y en la cual están dispuestos edificios conmemorativos para rendir tributo a próceres y acontecimientos que dieron lustre y gloria a esa nación.

Wright revela un apellido de alcurnia entre la estirpe de quienes nos brindaron la oportunidad de elevar nuestro pensamiento y realizaciones a niveles insospechados de grandilocuencia. Sus aportaciones fueron emblemáticas de una época heroica de la humanidad en que descubrimos –de la mano de su inteligencia y capacidad- la posibilidad de posarnos en las alturas a partir de proyectos visionarios. Ellos aparecieron como insignes personajes que nos dieron alas o supieron develar los misterios de geometrías capaces de la integración paisajística en el fluir del tiempo en torrentes de creatividad e ingenio. Las alas, Orville y Wilbur; Frank, la arquitectura.

Jorge Fernández Acosta


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