Pareciera que, en Guadalajara, el ejercicio pleno del derecho a la privacidad, la seguridad y a la tranquilidad, en el caso que les contaré aquí, es una entelequia. Tengo unos amigos muy queridos que en este año han pasado las de Abel respecto a lo que ha ocurrido con relación a la construcción de un edificio de departamentos de lujo que se emplaza en un terreno vecino a su casa, sobre la calle Mar Jónico, en dónde viven desde hace más de cuarenta años, en las inmediaciones del Country Club. Cabe decir que tal obra les ha afectado negativamente, y de manera severa, tanto a su casa –en términos estructurales– como a ellos mismos en cuanto a su salud física y emocional.
Sepan ustedes que el relato de esta historia de horror urbanístico comenzó en el mes de febrero de este año. En aquellos días, de súbito, comenzaron los constructores de la obra supradicha, con mucho descuido, con la demolición de un edificio existente que provocó que cayeran al patio de la casa, en donde mis amigos viven, esquirlas de cristal y todo tipo de materiales sólidos de obra, además de una gran cantidad de polvo que propició que enfermaran de las vías respiratorias entre otros daños y riesgos a su propiedad y a los hermosos grandes árboles que tienen en su jardín, uno que es una delicia.
Tras ese desafortunado episodio, se vieron compelidos a huir de su hogar, por un tiempo, para proteger su integridad física y espiritual. Estoy enterado de que, como reacción a tal agresión en la que, de inicio, no midió comunicación alguna de los desarrolladores, mis amigos le presentaron a estos un pliego petitorio para que los apoyaran a solventar las afectaciones negativas a las que se vieron sometidos, mismo que fue rechazado y, es más, en contraposición, recibieron una llamada amenazante del presunto socio principal del proyecto, quien trató de intimidarnos al decirles: “No pierdan el tiempo, ni se desgasten… nada tienen por conseguir y nada nos pueden hacer, es más, –espetó de manera cínica y abrupta– ESTAMOS BLINDADOS”.
Hay que decir que, desde hace más de 10 años, en la colonia Country Club, se han construido muchos edificios en altura que, antes de contribuir al desarrollo armónico de la colonia, han incurrido en la destrucción de las condiciones sociales y urbanas de esta comunidad de alto nivel ambiental. Aunado a ello, todos hemos observado que la autoridad ha hecho caso omiso de velar y salvaguardar la calidad urbanística de tales construcciones tanto como olvidar que su principal cometido es hacer cumplir las leyes y normas prescritas en materia urbana.
Como ya es de dominio público, en la actualidad, los Planes Parciales de Desarrollo Urbano para la zona Minerva se encuentran suspendidos y, por tal motivo, no se alcanza a comprender cómo es que existe una licencia de construcción, a todas luces ilegal, para la torre (la licencia se autorizó en diciembre de 2019 con presunto sustento en los planes parciales vigentes de 2003, que no permiten la construcción de un edificio con tales características) que violaría así la normatividad y se ostenta en flagrante daño a las condiciones de armonía en lo relativo a imagen y funcionalidad urbana en la zona. ¿No creen que es tiempo de respetar a los vecinos y de cuidar entre todos el crecimiento cualitativo de la ciudad?
Es, por lo expuesto, que me permito recomendar a la autoridad municipal competente, que tenga a bien llevar a cabo sus funciones sustantivas respecto a la vigilancia y cumplimiento irrestricto del código urbano, y la reglamentación derivada, a fin de garantizar que la ciudad se desarrolle para el disfrute y solaz de sus habitantes.
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