Los conciertos en vivo en un mundo hiper digitalizado

Ciudad de México /

Muchos lo hemos vivido en algún momento de nuestras vidas: esa emoción de sentir las vibraciones de las ondas sonoras golpear tu pecho, el escalofrío que se genera cuando tu piel se eriza al escuchar el coro de una canción al unísono o incluso el ardor de garganta de tanto cantar que te lleva al borde de la afonía, pero que va acompañado de un sentimiento de euforia único. Esas son algunas de las muchas maneras en las que la gente describió las sensaciones que más extrañaban de ir a conciertos en vivo durante los últimos dos años de pandemia. Hoy, a medida que la nueva normalidad va tomando forma en el día a día y cada vez son más los conciertos a los que podemos ir a revivir esas huellas, existe un cambio, que incluso después de la pandemia, perdura y crecerá de una manera singular en los siguientes años: nuestra conexión e interacción con la música en los entornos digitales.

No hablo únicamente de la posibilidad que hemos tenido los últimos años de escuchar nuestras melodías favoritas a través de plataformas digitales, sino de la puerta que la tecnología abrió para crear un nuevo nivel de relacionamiento con la música y los artistas que seguimos. Para que nos demos una idea, en plataformas como YouTube cerca de 2 mil millones de usuarios registrados ven al menos un video musical al mes y, de acuerdo con el reporte Engaging with Music de la Federación Internacional de la Industria Fonográfica (IFPI, inglés), en el último año el promedio de tiempo que pasó la gente escuchando música fue de 18.4 horas a la semana, algo así como unas 368 canciones de tres minutos a la semana.

La cifra no sólo es significativamente mayor a la registrada en 2019, sino que el mismo análisis también detectó el valor que esta industria adquirió en la vida de las personas, toda vez que cerca de 80 por ciento de los consultados confirmó que fue un elemento vital para mejorar su estado emocional y de bienestar durante la pandemia. Es decir, en uno de los momentos de menor interacción y contacto social en la historia de la humanidad, la industria de la música y los artistas encontraron en las plataformas digitales no solo un espacio para mantener vivo el sonido de su trabajo, sino una ventana, que a momentos pareciera ser más íntima y cercana, para conectar con las personas. Y que de acuerdo con el IFPI ya no se cerrará, debido a que durante la pandemia las plataformas digitales, y en especial las de video, permitieron a los usuarios: “conocer a sus artistas de una forma más íntima y cercana, encontrar nuevos talentos, o disfrutar de su favoritos a través de experiencias inmersivas.

Un claro ejemplo son las transmisiones de conciertos en vivo, una actividad en la que 29 por ciento de los usuarios reconoció haber participado en los últimos 12 meses y en la que México se coloca en segundo lugar a nivel global con 44 por ciento, justo después de Brasil que lidera la lista con casi siete de cada diez brasileños ‘asistentes’ vía streaming en el último año.

Y aunque uno pensaría que la urgencia de muchos fanáticos por reconectar con las sensaciones que provoca asistir a un concierto en vivo crearía una ruptura en esa tendencia, la realidad es que 65 por ciento de las personas afirmaron que seguirán conectados a transmisiones en directo y más de la mitad de los consultados por IFPI afirmó que gracias a los avances de las plataformas de video en streaming, los conciertos digitales se han transformado en un oportunidad única para disfrutar de la música de sus artistas favoritos, incluso cuando no tienen la posibilidad o capacidad de asistir personalmente a un evento; pero también les ha permitido escuchar a nuevos creadores o acercarse a distintos géneros gracias a la flexibilidad.

La tendencia no solo beneficia al usuario, sino que abre una nueva posibilidad de generar ingresos para los creadores musicales. Un análisis reciente de la firma de consultoría MIDia detectó que en los dos años de pandemia los ingresos generados por la venta de boletos para conciertos, sesiones o festivales musicales pasó de 600 millones de dólares en 2020, a más de 2 mil millones de dólares para 2021 y mantendrá un crecimiento sostenido hasta 2027 a medida que la tendencia aprovecha la tecnología para crear mejores experiencias musicales híbridas. Uno de los ejemplos más recientes del impacto de la tendencia fue con el grupo femenino de K-Pop, Black Pink, que en 2021 realizó su primera experiencia de concierto en vivo de pago en alianza con YouTube y a través de la que lograron vender cerca de 280 mil membresías a su canal en 81 países diferentes.

Hoy con festivales como Coachella, que vuelven luego de dos años de ausencia, además de decenas de conciertos acaparando espacios en las plataformas digitales de video, la industria musical, los artistas y los fanáticos comienzan a redefinir el concepto que teníamos de los conciertos en vivo antes de la pandemia. Pero no para crear un reemplazo de lo que experimentamos al escuchar cómo el sonido de nuestras canciones favoritas inundan cada espacio de ese recinto, mientras miles de personas desconocidas se hermanan para cantarla al unísono, esas sin duda son sensaciones únicas e irremplazables. No, el cambio que la industria vive busca crear otro tipo de emociones, que vayan impulsadas por los beneficios de accesibilidad, flexibilidad, interacción y personalización a los que la tecnología nos ha acostumbrado recientemente. Bueno, con la excepción de la garganta adolorida, esa quizá sea una emoción que se replique en la música en vivo sin importar su formato.

*Jorge Navarro es Label Relations Manager de YouTube México

  • Jorge Navarro
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