Hace más de cincuenta años, Bob Dylan, aquel muchacho medio gangoso y desgarbado, cantaba versos que condensaban lo que flotaba en el ambiente: el agotamiento de los viejos modelos y el desmoronamiento de una época que no acaba de morir. En una de sus canciones tocadas por el don de la profecía, Dylan alertaba de que “los tiempos están cambiando”: “Vengan a reunirse aquí, gentes,/ donde quiera que estén vagando/ y admitan que las aguas/ a sus lados han crecido./ Y acepten que pronto/ se empaparán hasta los huesos./ […] empiecen a nadar/ o se hundirán como una piedra,/ porque los tiempos están cambiando.” Y créanme, los tiempos realmente están cambiando. No sólo aparecen en el horizontes signos ominosos de la era que sucumbe, como la agonía de Venezuela, la guerra de Siria o el conflicto en el Congo; hay otras muestras innegables como el triunfo de Trump, el Brexit o el surgimiento de Bolsonaro. Las aguas del río ya se desbordan. Y sin embargo, el mayor de los cambios no ocurre directamente en lo político, en lo académico o en lo económico; sino en la posición ascendente de la mujer en el mundo. Aunque con matices y diferencias regionales, las mujeres está tomando las riendas de su destino. Las estadísticas muestran, que ya son más que los hombres en las maestrías y los doctorados; y que crece su número en cargos académicos, políticos y empresariales. Octavio Paz calificó este movimiento como una “guerra nuclear”; otras revoluciones —dijo— comparadas con la del despertar de la mujer “resultan meros epifenómenos”. Nada mas cierto. El mundo se transforma y un eje lo constituye la incorporación femenina en las áreas que pertenecían a los varones. Desde ahí, esta surgiendo una nueva mirada, una nueva forma de ver el mundo, una nueva conciencia. No me sorprende la gran capacidad que tienen las mujeres; disciplinadas, inteligentes, activas. Me sorprende en cambio que, durante siglos, genios de la reflexión —por ejemplo, Schopenhauer— hayan sostenido que eran inferiores a los hombres. Malo, por otra parte, que, en este movimiento, algunas busquen imitar a los hombres, ejerciendo la violencia. En países donde se registran las cifras de violencia doméstica contra los hombres, por ejemplo, se muestra que han crecido exponencialmente. En Estados Unidos, cuatro hombres son agredidos por cada seis mujeres; en Gran Bretaña, un hombre por cada dos mujeres; y en Perú, la cosa está casi pareja. En México, la violencia contra el hombre no se ha visibilizado, aunque es sin duda mucho mayor la que se ejerce contra la mujer . Es cierto, durante milenios los varones abusaron de las féminas y eso explica, en parte, la reacción violenta. Pero, debemos recordar que el enemigo no es el otro sexo; el enemigo es la violencia,. En estos tiempos nuevos, de cambio indudable, los nuevos equilibrios entre hombres y mujeres deben sustentarse en la comprensión y tolerancia mutua, ya que unos y otras ocupan sitios distintos al los tradicionales. Sólo así, las aguas desbordadas no nos ahogarán. El amor, sólo en esa forma, dará sus nuevas flores.
Tiempos de mujeres
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Jorge Souza Jauffred
Ciudad de México /
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