Desde NY para todo México

Monterrey /

La política mexicana rara vez se anuncia desde Nueva York. Cuando ocurre, no es un gesto menor ni una casualidad protocolaria: es una señal. La reciente entrevista de Samuel Alejandro García Sepúlveda con Bloomberg, en el epicentro financiero global, marca un punto de inflexión en su trayectoria. No tanto por la frase —“hasta lo más alto, faltan cinco años”—, sino porque cancela la ambigüedad. El gobernador de Nuevo León decidió decir en voz alta lo que hasta hace poco se insinuaba con cautela: el 2030 dejó de ser una hipótesis para convertirse en horizonte explícito.

Hablar con Bloomberg no es hablarle al electorado local ni a la militancia partidista. Es dirigirse a inversionistas, analistas y tomadores de decisión que leen la política como variable de riesgo o de oportunidad. En términos estrictos, es un acto de posicionamiento: presentarse como un actor que piensa su proyecto más allá del ciclo inmediato y que concibe a Nuevo León como plataforma, no como estación terminal. Desde ahí se entiende mejor la lectura de su desempeño interno: es una curva que sobrevivió a su momento más crítico.

En 2023, la licencia presidencial fallida, el choque con el Congreso local y la crisis del agua parecían configurar el manual clásico del desgaste prematuro. El comportamiento del electorado nuevoleonés —históricamente exigente y poco indulgente con el error— es clave para entender por qué Samuel Alejandro puede hoy hablar desde Nueva York sin que el mensaje suene a desconexión. La recuperación no fue producto de un golpe mediático ni de un relanzamiento artificial. Fue gradual, acumulativa, apoyada en resultados visibles: inversión extranjera, narrativa de relocalización industrial, movilidad y una reconstrucción discursiva que desplazó el foco del tropiezo hacia la corrección.

En el plano nacional, las mediciones de Enkoll han confirmado que García Sepúlveda es el activo más reconocible de Movimiento Ciudadano. Su ventaja no radica en un entusiasmo desbordado, sino en algo menos ruidoso y más estratégico: niveles de rechazo relativamente bajos y una conexión sostenida con el electorado joven. En un sistema político saturado de figuras con desgaste histórico, esa condición reduce costos y amplía márgenes. La entrevista con Bloomberg, leída en ese marco, funciona como pieza de engranaje. Vincula su proyecto personal con hitos de alcance global —el Mundial de 2026, la consolidación industrial del norte del país— y busca instalar la idea de que Nuevo León puede operar como vitrina de gobernanza en un país donde la palabra “eficiencia” suele quedarse en el discurso. Es, también, una apuesta riesgosa: internacionalizar la narrativa eleva expectativas y reduce el margen de error.

La reacción política no ha sido discreta. El bloque PRI-PAN lo ha identificado como adversario prioritario, particularmente en el Congreso local. La confrontación constante, más que debilitarlo, ha terminado por reconocerlo como amenaza futura. El trayecto hacia 2030 está lleno de pruebas concretas: sostener la aprobación sin caer en el desgaste final del sexenio, asegurar una sucesión local que no deje flancos abiertos en 2027 y convertir el Mundial de 2026 en un examen de gobierno, no de marketing. Cada uno de esos hitos puede fortalecer o desfondar la narrativa que hoy se ensaya en foros internacionales.

La entrevista en Nueva York no fue un desliz retórico ni un acto de vanidad. Fue una señal política deliberada. Samuel Alejandro ya no se mueve en el terreno de la especulación ni de la aventura personal. Ha colocado su ambición en el espacio público y la ha respaldado con una trayectoria que, hasta ahora, no se rompió en el momento crítico. “Are you the next president of the country?”: “All the way up”.


  • José Jaime Ruiz
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