Crucifixiones 3: Plaza Tapatía

Ciudad de México /

En los casi cuarenta años transcurridos entre la construcción de las cruces de plazas y avenidas en los años 40, y Plaza Tapatía, comenzando los 80, ocurrieron muchos avances en el urbanismo mundial. La conservación patrimonial cobró fuerza en las ciudades europeas, la voz de las comunidades urbanas pobres se hizo escuchar en las ciudades estadounidenses, y la política de las grandes demoliciones se descartó en ambas.

A contracorriente de todo ello, Guadalajara construyó Plaza Tapatía. El proyecto retomó el esbozo monumentalista del arquitecto Ignacio Diaz-Morales, quien ideara una enorme explanada, más que una plaza.

Está vez, el negocio constructor e inmobiliario fue el motor. Plaza Tapatía demolió nueve manzanas más del centro. Con el objetivo de unir “las dos Guadalajaras” -oriente pobre y poniente rico-, decretó como indeseables a sus moradores y usuarios, en particular, a sus damas noctámbulas, erradicándolos a todos. Se demolió la vieja plaza de toros El Progreso y a saber qué más; voces actuales dicen, sin presentar evidencia, que poco o nada. Se perdió la sutil perspectiva ascendente al Hospicio Cabañas. Aparecieron las desérticas explanadas, los sótanos lúgubres y las insólitas fachadas sin edificios atrás, entre otros.

En el imaginario local, el villano en esta ocasión no sería el exgobernador que la decretó, sino el arquitecto que la diseñó, José Pliego. Al final de su vida, el buen Pepe peregrinó por diversos foros intentando defenderla, reescribir la historia; me temo que en vano. Nos mostró una vieja foto de la calle que remataba en el Cabañas,previa a la obra, un caos de cables, anuncios y camiones, “aquello debía sanearse”, dijo. Diagnóstico correcto, solución equivocada.

A cuarenta años de distancia, Plaza Tapatía cicatriza. Todo ese tiempo tarda una ciudad en sanar de una herida así, por ello, es vital no lastimarla más. Veo una tendencia, entre algunos arquitectos amigos, a defenderla con elogios y reivindicaciones. Creo que más bien defienden a Pepe. No es necesario. La ciudad es una obra colectiva y nunca responsabilidad de una sola persona. Mejor aprendamos de los errores del pasado para no repetirlos. Esforcémonos por componerlos y listo.

José Javier Gómez Álvarez
  • José Javier Gómez Álvarez
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