La inseguridad de nuestras ciudades

Guadalajara /

La inseguridad, real o percibida, es la mayor preocupación para muchaspersonas. Más que la falta de empleo o las dificultades económicas, juntas.Impide que, como ciudadanos, vivamos nuestras ciudades como podríamos.

En infinidad de sitios no se puede caminar en cuanto anochece, zonas enteras de la ciudad desoladas y vacías. Apenas algunos enclaves luminosos en el territorio de las tinieblas, en un sentido textual y figurado.La inseguridad inhibe el uso del espacio público que necesitan con urgencia las comunidades urbanas. Los parques se cierran de noche “porque son inseguros” volviéndose aún más peligrosos de día, desterrando a niños, familias y a todos.

Como lo evidencian tantos sucesos, recientes y pasados, las mujeres jóvenes enfrentan la amenaza de vivir -o sobrevivir- en una ciudad hostil y violenta, aún a plena luz del día. Como profesor universitario en arquitectura, me siento hasta irresponsable de sugerir a mis alumnas que conozcan y exploren su ciudad, tema importante para su profesión.

La inseguridad disuade el uso del transporte público que exigen nuestras ciudades hoy, lo que complicará la movilidad futura. Es sabido que es uno de los sitios más vulnerables, sobre todo los camiones. En zonas de la Ciudad de México, los asaltos son continuos. ¿Cómo pedir a estudiantes universitarios que viajen donde existe una alta probabilidad de que les quiten sus computadoras y celulares, dejándolos aislados y sin instrumental de trabajo a medio curso académico? Además del daño económico, reprobada garantizada.

La imagen de la ciudad venida a menos, rejas altas y agresivas, y alambradas con púas sobre los muros asemejan cárceles o campos de detenidos. Guadalajara dejó de ser la ciudad amable que compartiera sus jardines con los paseantes, la elemental relación casa-calle fracturada. Hoy son cada vez más las banquetas sin un solo árbol, áridas e inhóspitas, por el temor de las personas a que alguien brinque a sus casas. Ni en sus propios hogares se sienten seguros, los vecinos se organizan para comprar alarmas, contratar vigilancia privada, o de menos avisarse en los chats en caso de peligro. No se vislumbra que las circunstancias mejoren pronto. Que pena.

José Javier Gómez Álvarez


  • José Javier Gómez Álvarez
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